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martes, 5 de agosto de 2014

This is goodbye...



(Press "play", then start reading. Dale al "play", y luego sigue leyendo)

Sé que he estado muuuucho tiempo sin escribir, y ahora que lo hago es para decir que esto se acabó. Sí. Y para esta última entrada voy a usar distintos idiomas.

As I listen to Jason Mraz, I have this feeling that something big is over. I'm done with a very important part of my life. I'm not a student anymore, and I will never be again (at least in the same way...). In less than a month I'll start working, and I'm not saying I already miss this student's life, but it's hard to say goodbye to it, to everything I've lived in the last 4 years...

El blog va començar en català, aproximadament un mes després d'haver acabat la selectivitat. I va néixer, sobretot, com una via d'escapament dels meus pensaments. Tenia moltes coses al cap; durant l'últim trimestre del meu últim curs a Bell-lloc, el meu plantejament vital va canviar radicalment, i necessitava un lloc on escriure les coses que passaven pel meu cap, encara que no tinguessin cap mena de relació amb el que realment passava al meu interior. Un InterRail després, m'encaminava a Madrid, on començaria la nova etapa de la meva vida, i el blog aviat va passar a escriure's en castellà.

Recuerdo perfectamente todos y cada uno de los años que he pasado en la UCM. Primero fue un año de tanteo, de encontrar mi sitio en esa gran ciudad, viniendo de un pueblecillo como Girona. Viviendo en un Colegio Mayor donde yo no entendía a la gente y la gente no me entendía a mí, pronto encontré mi sitio entre la gente de la universidad, un ambiente muy diferente al que había vivido hasta entonces. Aunque empezamos saliendo por ahí en un enorme grupo, poco a poco nos fuimos juntando los que compartíamos afición por la música, los locales cutres y la cerveza barata, más que por las fiestas interminables en discotecas demasiado llenas... Académicamente, ni este ni ninguno de los cursos posteriores tienen mucho interés, pero los amigos que hice durante ese primer año, aunque más de uno ha dejado la carrera, siguen siendo las primeras personas a las que llamo cuando vuelvo a Madrid después de una larga (o no tan larga) ausencia, para ir a tomar una cerveza y algún que otro chupito.

Segundo fue, sin lugar a dudas, el mejor año. Me cambiaron a casi todos los compañeros de clase, pero seguí con mi compañero de apuestas, al que ya conoceréis si habéis estado siguiendo este blog con asiduidad. El destino y mi apellido hicieron que me juntara con dos de las chicas más inteligentes y trabajadoras del curso, con lo que una vez más, el aspecto académico pasó a ser poco importante. Yo ofrecía sonrisas y buen humor a cambio de su disposición de ayudarme cuando lo necesitara. No es mal trato, ¿no?
Supermiércoles. No haré más comentarios al respecto.
Ese año también fue mi primer año en un piso de estudiantes, con un chino de Navarra y un escocés de Murcia. Aunque el piso no era el mejor del mundo, las fiestas que llegamos a hacer allí lo convirtieron en uno de los mejores de la zona, no lo dudo. Recuerdo (y creo que toda la promoción lo recuerda) ese "supermiércoles", que empezó con un desayuno en el 100 Montaditos y terminó con Olga dando vueltas en el circular ella sola hasta que le cerraron el metro, para luego dar vueltas en el búho. Los vídeos de ese día permanecerán para siempre en nuestros corazones y en nuestros móviles. Dudo que jamás vuelva a reírme tanto en un solo día...

Y llegó tercero. El grupo de amigos que había hecho el año anterior siguió en mi misma clase, pero los de primero se iban quedando por el camino, y entre esto y que ha sido el curso más duro, no hay mucho que sea digno de mención, aparte de que me convertí en un as del ajedrez gracias a las clases de Analítica con Alvarito.

De lo poco digno de mención de tercero. Me dejé teñir el pelo de naranja.
La verdad es que tonterías hemos hecho para aburrir...
(Hago un pequeño paréntesis para decir que futbolísticamente fue el año que más disfruté, entrenando a una generación de chavales que conseguirán grandes cosas. Sin embargo, no estoy hablando de fútbol en esta entrada porque esto todavía no ha acabado...).

And, finally, the Erasmus, which should be divided in two semestres. During the first semestre I met a lot of people which I will forget as soon as I start the next period of my life. This is something that happens on a experience like this one, when most of the people you meet are happy faces in the door of a club at 6am on a Tuesday...
However, I also met very special people like my flatmates or the guys living next to my room (¡mención especial para Marcos, que al final se ha quedado sin su entrada sobre Bratislava y sé que es de mis seguidores más fieles!). The best days were probably when my friends from Catalunya came and we organised a concert with an awesome band from Wroclaw. But everything I did during that first semester had no meaning, and when I came home on Christmas, I didn't want to go back.

During the second semester, however, I started to go daily to a church next to my dormitory, where there was a youth group, Wawrzyny, which helped me do useful things. I also joined a theatre group, The Shakespeare Society, with whom I laughed at least twice a week. I started working in a Spanish academy, El Sueño, where I could feel that I was not wasting my time in Poland. The last month, although it was the busiest, because I had to prepare my final thesis and study for an exam from Spain, it was also the best. Something beautiful started, and I thought it would last forever. Everything seemed so easy, but once again, it's time to say goodbye to yesterday and, as usual, Jason Mraz puts words to my thoughts...

Having fun on Erasmus with my people...

...having fun with my roommates...

...having fun with The Shakespeare Society.
As you can see, Erasmus is basically about having fun!
Me fui a Madrid. Empecé el curso de Jana Producciones, como el año pasado, y me sentía en una nube. Durante la segunda semana de curso mis compañeros y profesores empezaron a notarme raro, y es que ya se ve que no soy muy bueno escondiendo mis emociones. Fue una semana muy mala, la verdad. Probablemente ha sido a lo que más me ha costado decir adiós, pero Jana me ayudó a meter la cabeza en algo que me gusta, y eso hice. Me metí en cuerpo y alma. Me comí críticas y broncas con una sonrisa y con ganas de aprender y mejorar. Y lo hice (o eso quiero creer). Ahora me duele que se haya acabado el curso. Quiero que llegue septiembre para hacer cosas con Jana otra vez, y este mes de agosto se me va a hacer muy largo...

El blog va començar en català, i en català acabarà. Quan vaig començar el blog, com ja he dit, va ser just després d'un canvi important en la meva vida. I de la mateixa manera acaba. Ja no sóc estudiant. Durant aquests quatre anys he fet molts amics, i sé que a la majoria deixaré de veure'ls (perquè això ja ho he viscut amb els amics del col·legi) i, com diu Jason Mraz, és difícil dir adéu a l'ahir, però també és necessari. Aprendré de tot el que he viscut i seguiré creixent.

Pues lo dicho. Esto se ha acabado.
Moltes gràcies per haver aguantat les meves parrafades!

lunes, 28 de abril de 2014

-Sin Título-

No sé qué escribir. La semana pasada fue espectacular. Ésta pinta que va por el mismo camino. La siguiente puede ser incluso mejor. Pero me falta algo. Noto un vacío dentro de mí, que no se llena por más aventuras que viva, por más gente extraordinaria que conozca. Por alguna extraña razón, cada vez que siento que por fin me estoy encontrando a mí mismo, que estoy respondiendo a mi eterna pregunta, Who Am I?, cada vez que me siento lleno... me pego el tortazo padre. No lo veo venir, voy con el lirio en la mano, con una inocencia que no es propia de una persona de mi edad, y las consecuencias suelen ser desastrosas para mi estado de ánimo.

No sé muy bien qué estoy intentando decir. Mi cabeza va a mil ahora mismo, y soy un mar de dudas... Sólo sé que quería escribir, y compartir con vosotros esta maravillosa canción: "This is a tricky situation, I've only got myself to blame..."


domingo, 13 de abril de 2014

El poder de una sonrisa

Cada vez escribo menos, lo reconozco. Y no es por falta de material. Cada vez le estoy cogiendo más gusto a vivir aquí, y voy encontrando más y más actividades en las que emplear mi tiempo, que me hacen sentir un poco menos culpable por estar de "vacaciones" a costa de los impuestos de todos los españoles. Tampoco es por falta de tiempo, pues aunque, como digo, ahora hago bastantes más actividades que en el primer cuatrimestre, me sigue sobrando mucho tiempo a lo largo del día. Supongo que es sencillamente por falta de motivación. En un par de meses hará 4 años que empecé el blog, y creo que con el tiempo esto terminará muriendo... Sin embargo, de esto no es de lo que quería hablar hoy.

Una de las cosas que más me cuestan en mi vida en Polonia, es lidiar con la frialdad de la gente. A pesar de lo que pueda decir la gente (y de lo que se pueda extrapolar por mis escritos en el blog), yo me considero una persona alegre, amigable, con una sonrisa permanente en los labios (vale, aquí me he pasado...), y aquí en Polonia la gente parece que siempre esté enfadada. Vas a recepción, y con la mayor de tus sonrisas dices dzień dobry (que significa "buenos días") y por la cara que te ponen parece que les acabas de desear la muerte de todos sus familiares. Algo parecido pasa en los bares, en el supermercado, en las tiendas o en la calle. Cedes el asiento a una persona mayor en el bus o mantienes la puerta de la cafetería abierta para que entre alguien antes que tú, y no sólo no te dan las gracias. No. Ni siquiera se limitan a mirarte y esbozar una sonrisa. Nada. Parece que sus corazones sean de piedra, y que no sean capaces de transmitir ningún sentimiento a sus facciones.
Sin embargo, no todos los polacos son así. También los hay que se esfuerzan en ser más simpáticos, que ven que eres extranjero y te sonríen al ver el esfuerzo que haces por chapurrear un idioma que ellos mismos no son capaces de dominar hasta que alcanzan los 16 años; que te ven perdido en una tienda y se ofrecen a ayudarte a encontrar lo que necesitas sin necesidad de que se lo pidas; que te observan día tras día en la iglesia haciendo esfuerzos sobrehumanos por no dormirte durante los largos sermones de un cura que tiene medio pie en la otra vida y a la semana siguiente se sientan a tu lado y te intentan traducir las palabras del sacerdote, para que puedas aprovechar bien esos interesantes discursos...
Hoy, mientras volvía de la iglesia, he adelantado a una pareja de señoras que podrían haber sido mi madre y mi abuela por la edad que aparentaban. "¿Cómo estás?", he escuchado. No he podido evitar volverme, sonriendo. La mujer más joven me dice algo así como "yo he trabajando dos años a España". El resto del camino lo he hecho con ellas, hablando medio en español, medio en inglés (durante los cuales la mujer joven me ha dicho "mi corazón, tú español", queriendo decir que algo en su interior le ha dicho que soy español), sin que la señora mayor se enterara absolutamente de nada. Pero sonreía. Cuando nos hemos despedido, la mujer mayor ha caído en que no habíamos dicho cómo nos llamábamos, así que he preguntado y yo, aprovechando el poco polaco que sé, le he contestado "mam na imię Nico", y le he ofrecido la mano (porque aquí lo de los dos besos no se lleva...), que la mujer ha estrechado entre las suyas con una felicidad en la cara que daba gusto de ver. Es un pequeño detalle, que seguramente no significa nada para muchos, pero que a mí me da ánimos para seguir aquí, un país tan cercano al nuestro, y sin embargo tan diferente...


¿Es tan difícil sonreír? ¿No sería mucho más fácil todo si fuéramos más simpáticos y menos desconfiados? En fin, espero ir contando más cosas de la buena gente que he conocido aquí en Polonia en estas últimas semanas, que están siendo las mejores desde que llegué.

martes, 21 de enero de 2014

Hay que cambiar


(Dadle al play y escuchad este temazo mientras leéis. De nada.)

Llevo varios días intentando escribir esta entrada, pero no lo consigo. Tengo un montón de cosas en la cabeza que necesito soltar, pero cuando las veo escritas, no me convencen. Borro y lo intento otra vez. Y otra vez. Y otra. Nada.
La cosa viene a ser que hay que cambiar. Mucho. Estas Navidades han pasado varias cosas que me han hecho ver el Erasmus de una forma muy diferente. Si digo la verdad, estoy un poco decepcionado con todo esto, me parece muy falso. Vamos como borregos de una fiesta a otra, y cuando alguien propone un plan distinto, no se le escucha. Pues se acabó. Voy a hacer mi Erasmus, a mi manera, como Frank Sinatra. Tengo un hermano haciendo su proyecto de fin de carrera en Japón, y después de escuchar todas las cosas que hace, las mil actividades que ha encontrado para no estar perdiendo el tiempo, no puedo evitar sentirme culpable.

De ahora en adelante, procuraré tener un horario (y cumplirlo). Empezar por poner una alarma por las mañanas, para no pasarme el día en la cama, puede ser una buena idea. Hacer algo de ejercicio no vendrá mal: salir a correr dos o tres veces por semana, hacer los ejercicios que Inma me pasó con tan buena intención y a los que no he hecho ni caso. Y ponerme con lo que me gusta, la música. Terminar de grabarme alguna canción, para ver cómo sale y poder pedir opinión a gente más experimentada. Seguir componiendo y pensar en letras para mis canciones, que es lo que más me cuesta. Aprender cosas nuevas con la guitarra. Y ya, si mis padres me mandaran el saxo, sería el erasmus más feliz de Wroclaw, por poder recuperar algo que he dejado tan aparcado en los últimos años...
De momento, empezaré por aquí. Veremos en qué acaba todo esto...

(Nota aclaratoria: por supuesto, seguiré descubriendo nuevos bares en los que escuchar música en directo y tomar una buena cerveza, pero las fiestas erasmus van a verse muy reducidas. No creo que nadie me eche de menos allí...).

martes, 24 de diciembre de 2013

¿Eres feliz?

Se está acabando el año, y llegan esos días en los que a todo el mundo le entran las prisas por cambiar, por mejorar. Se hacen propósitos de año nuevo que en la mayoría de los casos morirán antes de fin de mes... Pero esto no quita que sea bueno pararse a reflexionar sobre lo que ha sido este último año.

Ayer fui a mi antiguo colegio a jugar un partido de fútbol con ex-alumnos. Después de perder humillantemente ante los "pequeños", tuvimos un retiro espiritual. Creo que llevaba más de medio año sin hacer uno (asistí a uno en Polonia, pero sólo entendí la bendición, porque era en latín...), y lo aproveché lo mejor que pude. Lo primero que hicimos fueron unos minutos de lectura de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, del Papa Francisco. Espectacular. No necesité nada más. Durante el resto del retiro fui dándole vueltas a las palabras del Santo Padre: cómo habla de la felicidad, del gozo y de la alegría de una forma muy distinta a cómo se entiende hoy en día. Muy distinta a cómo se entiende cuando estás de Erasmus...
Este año he tomado muchas decisiones equivocadas. Más que de costumbre. He hecho y dicho cosas que hubiera preferido no hacer o decir. Ahora mismo, cuando la gente me pregunta por mi Erasmus, suelo decir que "estoy disfrutando como nunca", que "me lo estoy pasando genial"... pero nadie pregunta si soy feliz. Parece que son conceptos que van relacionados. Pero no. Todos estos errores de 2013 están en mi cabeza. Les doy vueltas y más vueltas, y me impiden ser feliz. He perdido esa alegría cristiana de la que habla el Papa, y lo voy notando año tras año...
No sabía muy bien cómo recuperar lo perdido. Mis hábitos diarios vienen siendo los mismos durante estos años. No hubo ningún cambio radical en ningún momento, con lo cual tampoco debería haberlo ahora. Mientras daba vueltas y más vueltas a todo esto, me vino a la cabeza la frase de una película que vi hace poco tiempo: "When you forgive, you love. And when you love, God's light shines on you" ("cuando perdonas, amas. Y cuando amas, la luz de Dios brilla en ti"). Estaba claro. Necesitaba perdonar. No sólo a los demás, sino sobretodo a mí mismo. Me guardo rencor por todas mis malas decisiones. Continuamente pienso en formas de cambiar los que ya está hecho. ¿Cómo podría haber actuado? ¿Qué hubiera sido mejor? Se acabó. Cuando uno se equivoca, debe disculparse, rectificar siempre que se pueda, aprender de los errores, pero no estancarse en ellos. Perdonarse a uno mismo es vital para seguir siempre adelante... Y esto no será un propósito de año nuevo. Es un propósito de YA.

Durante las vacaciones la gente pierde menos el tiempo en el ordenador. Tengo comprobado que las visitas durante Navidad y verano descienden considerablemente. Probablemente aproveche este detalle para escribir esto ahora...

domingo, 24 de noviembre de 2013

El regreso III: noche de desesperación

Por suerte, la estación de servicio en la que me dejó Jaroslav era 24 horas, así que me metí dentro para no pasar frío. Les conté mi historia al chico y la chica que estaban trabajando, y aunque no hablaban mucho inglés parecían dispuestos a ayudarme: a un par de personas que entraron les preguntaron en checo si se dirigían a Polonia, pero no hubo suerte y pronto dejaron de molestarse, así que me tocó a mí intentar hacerles entender a los pobres conductores mi propósito. Por desgracia, la mayoría de personas en la República Checa parece que flaquean en inglés... Pregunté a la chica cómo se llamaba la ciudad en la que me habían dejado, y me informó que era un pueblecito a unos 20km de Praga llamado Nupaky. Cogí una de las guías que tenían a la venta para situarme y ver dónde estaba, y me pareció que no era el mejor sitio para dirigirse a Polonia, así que pregunté a la muchacha si había mucha gente dirigiéndose a Polonia. Me dijo que creía que sí. Que todo el mundo que pasara por allí iba en dirección Praga, y que para ir a Polonia había que pasar por Praga, así que mi ánimo no decaía. La gente llegaba con cuentagotas (no hay que olvidar que era las tantas de la madrugada...), y nadie parecía dispuesto a llevarme. Además, la mayoría de gente que venía eran camioneros, y me enteré más tarde que es muy complicado que te lleven en un camión, por temas de seguro y esas cosas, que la empresa no lo cubre. Me senté en una mesa e intenté echar una cabezadita, pero me despertaba con cada persona que entraba y volvía a la carga. Así pasaron horas y horas. Empezaba a preocuparme, pero estaba seguro de que por la mañana pasaría más gente, así que me comí los sándwiches que todavía llevaba conmigo y esperé con paciencia. A eso de las 6 de la mañana empezó a haber más movimiento. Venían más coches, pero nadie iba hacia Polonia... El tiempo seguía pasando y la gente seguía diciéndome que no. Salí a ver si podía irme andando hacia el pueblo, pero estaba en plena autopista, y por allí no se puede andar... Empezaba a desesperarme, así que decidí preguntar por Praga en vez de Polonia. Ya no quería hacer autostop: llevaba allí casi 4 horas y no había habido ningún tipo de progreso, así que lo tenía clarísimo: que alguien me llevara a Praga, y desde allí cogería un tren hasta Wroclaw. Iluso de mí. Parece que la gente en la República Checa no está acostumbrada a esto del autostop, y aunque bastante gente me dijo que iba a Praga, luego no me querían llevar. Llegaron otros tres empleados, con lo que una nueva idea pasó por mi cabeza: el chico y la chica con los que he pasado toda la noche me pueden llevar a Praga cuando cambien de turno. Así pues, a las 7, cuando vi que se iban me dirigí a ellos con la mejor cara de pena que supe poner y les pedí que me llevaran a Praga. El chico enseguida me dijo que no, que no iban a Praga. Le pedí que me llevara a cualquier sitio, que sólo quería coger un tren e irme a casa. Sin ni siquiera mirarme, mientras se metía en el coche me dijo: "coge el autobús". ¿El autobús? ¿Qué autobús? No hay respuesta... Por suerte, uno de los nuevos empleados era mejor persona, y se me acercó para indicarme que había una parada de bus justo al lado de la gasolinera. Era un servicio gratuito para los transportistas que trabajaban en unas oficinas que había allí, pero en principio nadie tendría que ponerme ningún inconveniente... Así que esperé en la parada y a las 7:30, después de dejar bajar a toda la gente, subí yo solo. El conductor me miró y me dijo algo en checo que interpreté como un "¿adónde vas?". Dije Praga muy orgulloso y me indicó que me bajara del bus. No me lo podía creer. ¡Jamás saldría de esa gasolinera! Con lágrimas en los ojos fui a buscar a mi amigo empleado y le conté la situación. Me dijo que no me preocupara, que en media hora llegaba otro y que él mismo iría a hablar con el conductor para que me dejara subir. Y así lo hizo. A las 8 nos fuimos los dos al bus, le explicó al conductor mi situación en checo y éste dio su beneplácito.
Ya en Praga, me metí en el metro y me dirigí a la estación central. Allí pregunté en la "Ticket's office" por el primer billete a Wroclaw. La mujer me sacó un planning para coger tres trenes diferentes, con una hora de transbordo entre cada uno de ellos. Me indicó que eso era necesario, porque los trenes iban un poco mal en la República Checa... Me salió por 14€, eran aproximadamente las 9 de la mañana, y el tren no salía hasta las 11:47, así que me fui a dar una vuelta por Praga, a buscar un centro comercial donde poder comer algo sin tener que cambiar de moneda y usar un baño sin tener que pagar. Mis ánimos entonces estaban por las nubes, así que al llegar al centro comercial, me senté en un McDonald's para tener WiFi y empecé a escribir a todo el mundo diciendo que ya no había nada de qué preocuparse, que todo estaba arreglado y que a las 18:23 llegaría a Wroclaw. Una vez más, iluso de mí. Cuando acabé con eso, todavía me quedaba un buen tiempo, así que me di una vuelta por el centro comercial y encontré una enorme librería, en la que me compré The day of the Jackal, de Frederick Forsyth, para hacer más ameno el viaje.

"It may take a little longer but I'll know how to find my
way back..."
The Eels - Railroad Man
Cuando llegó la hora, me fui de nuevo a la estación, subí al tren, me senté en el primer compartimento que encontré vacío e intenté leer, pero el cansancio y el inglés podían conmigo, y los ojos se me cerraban. La cosa iba bien. La lluvia había amainado, y el sol me daba en la cara mientras escuchaba canciones que me llenaban de optimismo. Íbamos a la hora en cada estación, no había retrasos ni imprevistos... hasta la penúltima estación. Allí estuvimos parados durante 45 minutos, esperando otro tren que tenía que unirse al nuestro. Eso todavía me dejaba 15 minutos de margen entre tren y tren. Avanzamos. Muuuuuy despacio. Y nos paramos de nuevo en medio de la vía. Pregunté a la chica del compartimento de al lado qué debía hacer si perdía el enlace. Me dijo que no me preocupara, que bajara en la estación prevista y que allí me lo arreglarían. Al final llegamos a Ústí nad Orlicí con más o menos una hora y media de retraso...
Salí del tren bastante mosqueado. Enseñé mi plan de viaje al jefe de estación y le pregunté qué tenía que hacer. Me dijo que mi próximo tren pasaba a las 5 de la tarde. No me lo podía creer, así que le pregunté si no había otra forma de llegar a Wroclaw, y su respuesta fue: “no es mi problema si tu tren se ha retrasado…”. Ese fue el único momento en toda mi aventura en que realmente perdí los papeles. Le grité que mi problema tampoco era, y que si él trabajaba allí algo de culpa podía asumir. A lo que sólo me dijo que preguntara en la “Ticket’s office”. Allí me dirigí, intentando calmarme y le pregunté lo mismo a la señora que estaba trabajando. Me dijo que no me preocupara, me explicó que había algunos trozos de la vía que estaban arreglando y que estaban acostumbrados a esos retrasos, con lo que también estaban preparados. Me imprimió dos nuevos plannings (sin que me costara más dinero): en uno tenía que coger tres trenes más; el otro era directo a Wroclaw pero llegaba más tarde. Le pregunté si no era mejor esperar y coger el directo para no tener más problemas con lo de los arreglos en las vías, pero me dijo que no. Me enseñó las estaciones por las que pasaban mis tres trenes, y todas coincidían con las estaciones por las que pasaba el que iba directo, con lo que si volvía a tener problemas sólo tenía que esperar en cualquier estación a que llegara el directo. Se lo agradecí un montón y como tenía más de una hora de espera, decidí ir a dar una vuelta por el pueblo. Entré en un par de bares para tomar una cerveza, pero en ningún sitio me dejaban pagar con tarjeta, así que volví a la estación y me puse a leer.

Esta foto la hice en la estación después de que me dijeran que "algunos
tramos de la vía" estaba siendo reparados. Como podéis ver, sería más
apropiado decir que "algunos tramos de la vía están bien"...
Mi siguiente tren llegó puntual, y me bajé a las pocas paradas en Lichkov. Allí tenía que coger un tren que me llevara a Miedzylesie y luego otro a Wroclaw, pero el tren que estaba esperándome ponía que se dirigía directamente a Wroclaw. Pregunté a un par de personas pero nadie sabía nada, así que me senté y esperé. Si realmente ese tren iba a Wroclaw, todavía mejor. Arrancamos, y en cuanto vino el revisor le pregunté si íbamos a Wroclaw. Me dijo que sí, confirmó que la hora de llegada era la que yo esperaba, y ahora sí que todo se estaba acabando. Tenía el planning entero, así que en cada estación controlaba que fuéramos a la hora, y así era. A lo mejor llevábamos 5 ó 10 minutos de retraso, pero esto en la República Checa no es nada (ni en España tampoco…).
Finalmente, cerca de las 20:30 (casi 40 horas después de haber empezado la aventura...) llegué a Wroclaw. Allí todavía tuve algún que otro imprevisto ayudando a un austriaco al que había conocido en el último tren y al intentar llegar a la residencia en tranvía, pero eso ya no importaba. Me sentía en casa...

viernes, 22 de noviembre de 2013

El regreso II: un ángel checo llamado Jaroslav

Mediante gestos y algunas palabras en polaco (que creo que es parecido al checo), le dije que me llamaba Nico, nombre que no se le olvidó, y él tuvo que repetir Jaroslav un par de veces para que a mí me quedara claro el suyo. Empezamos a tirar, intentando conversar, pero no llegábamos a entendernos, así que me limité a cruzarme de brazos y escuchar el CD de música checa que tenía mi conductor. A los pocos minutos Jaroslav gritó: ¡¡¡NICO!!! Sobresaltado le miré y dijo "bla, bla, bla", a la vez que me hacía gestos como indicándome que le contara algo. Intenté hablar en inglés. Él me contestó algo en checo. Chapurreé algo de polaco. Hizo un gesto como diciendo "bah, no hace falta ni que te esfuerces", así que volví a mi postura inicial. Pero a los 15 minutos o así otro grito y la misma historia. Eso se repitió varias veces, y todo lo que conseguí contestarle fue que soy de Barcelona, que estoy de Erasmus en Wroclaw (esta parte no estoy muy seguro de si la entendió...) y que mis padres se llaman Enric y Maria y viven en España. Al rato de estar conduciendo paró en un descampado para bajar a hacer sus necesidades (tengo que aclarar que en muchos países de la zona, los baños públicos son de pago, y el amigo tenía que mear a menudo. Pero no os preocupéis, sólo os contaré la primera vez porque me impactó; el resto fueron igual). Como decía, pues, bajó y me dejó en el coche CON LAS LLAVES PUESTAS Y EL COCHE EN MARCHA! Cuando le cuentas a la gente que harás autostop, por lo general imaginan lo peor: a ver si te van a secuestrar, si no te va a coger nadie y morirás de frío en cualquier carretera... ¿Por qué cuesta tanto aceptar que la gente no es mala? ¿Por qué seguimos desconfiando de nuestros hermanos? Jaroslav apenas sabía nada de mí, no me entendía cuando hablaba y yo no le entendía a él, y sin embargo se fiaba de mí. Dudo que en ningún momento pensara que podía cambiarme de asiento y robarle el coche, porque es algo que él no haría. Mi padre me enseñó hace tiempo que sólo piensas que te pueden hacer lo que tú también harías: si piensas que te robarán, es porque tú lo harías; si prestas dinero y piensas que no te lo devolverán, es porque tú no lo devolverías... Y en muchos aspectos, Jaroslav me recordaba a mi padre.
Sigamos. Después de hacer lo suyo, Jaroslav se metió de nuevo en el coche, y tras otro intento fallido de conversación, me dijo que durmiera un rato, y así lo hice. El viaje fue transcurriendo con normalidad hasta que llegamos a un pueblecito a unos 100 km de Frankfurt llamado Kamp-Bornhofen, donde paró el coche en lo que parecía un parking particular y me indicó que me bajara. Nos metimos en una casa, donde nos recibió otro señor mayor, que se puso a hablar amigablemente en alemán con Jaroslav. Nos llevó a su patio (muy bonito, pero poco cuidado...), y nos metimos en una barraquita que me recordaba a la que tiene mi abuelo en su viñedo: lleno de herramientas sin orden aparente, sucia... y llena de pájaros (eso no está en la de mi abuelo). Jaroslav se puso a mirar los pájaros con atención y escogió 5. Después de hacer cuentas en un pedazo de papel que encontró por allí, los dos hombres acordaron que 300€ por los 5 pájaros era una buena cantidad. Jaroslav dio el dinero al señor, metió los pájaros en una caja y salimos de la barraca. Al volver a entrar en casa, Jaroslav se quitó las botas y me indicó que hiciera lo mismo, cosa que hice, y le seguí al salón, donde el señor nos sirvió café y rebanadas de pan con salami y jamón (ahumado...). Nuestro anfitrión se puso a hablar en alemán con Jaroslav, y supongo que éste le dijo que ni lo intentara conmigo, porque no lo hizo. Después de la merienda nos calzamos y volvimos al coche con los pájaros, que metió en el maletero, donde pude ver que ya tenía otra caja con a saber cuántos pájaros más.
Reanudamos nuestro camino, y en una hora aproximadamente ya estábamos en Frankfurt. Me daba penita despedirme de Jaroslav, pero le dije que me dejara en cualquier gasolinera, porque también echaba de menos un poco de conversación con alguien que entendiera mi idioma... Y problemas otra vez. Empezó a preguntarme dónde estaba mi hotel. "Hotel?", decía él. "No hotel", decía yo, "gas station". Y Jaroslav movía la cabeza diciendo que no. Y volvía a insistir con lo del hotel, y me hacía gestos como que tenía que dormir. Intenté explicarle que quería para en una gasolinera para montarme en otro coche y, si Dios quiere, dormir en Polonia. Hablando, hablando, dejamos atrás Frankfurt. Me señaló y dijo "Praha". Y se acabó la discusión. Tampoco era un mal plan: la República Checa está debajo de Polonia, y Wroclaw está al sur, así que podía reajustar mis planes. 
Seguimos tirando, y pasamos Würzburg (donde estuve tentado de decirle que parara porque tengo un amigo de Erasmus...), Nüremberg, y seguíamos tirando. Yo seguía llevando mis sándwiches en el bolsillo del abrigo, y empezaba a ser hora de cenar, así que los saqué. Jaroslav me miró y me dijo que lo guardara otra vez. Pensé que no quería que comiera en su coche (aunque no estaba precisamente limpio, que digamos...). Paró en otro descampado, regó el césped, cogió una bolsa de la parte de atrás del coche y sacó dos sándwiches: me ofreció uno y empezó a comer el otro. Le dije que tenía los míos e insistió en que comiera su bocadillo, así que me lo comí. Cuando terminamos, sacó otros dos, y se repitió la misma escena, aunque esa vez insistí un poco más en que yo ya tenía comida, y se puso a gritar en checo, así que al final me comí la mitad de su cena. Me ofreció agua y reanudamos la marcha sin más problemas. A eso de las 12 de la noche paró en una estación de servició y me dijo que necesitaba dormir. Dejó el aire funcionando para no morirnos de frío, sacó una almohada grande, me miró y me la ofreció. Luego sacó otra pequeñita para él y una manta suficientemente grande para taparnos a los dos. Reclinamos los asientos y dormimos durante una hora y media.
Este era el plan inicial. Como podéis ver, no tardé mucho en cambiar...
Cuando nos despertamos me volvió a preguntar si mi destino final era Wroclaw. Le respondí que sí y consultó la ruta desde Praga en su GPS. En ese momento un pensamiento cruzó mi mente: Jaroslav es mi ángel de la guarda y me va a llevar a Wroclaw. Pero no, sólo quería decirme los kilómetros que me faltarían... A eso de las 3 de la mañana me dejó en una estación de servicio a unos 30 km de Praga, me dijo que él vivía bastante más lejos, me pidió mi correo electrónico y ya no he vuelto a saber más de Jaroslav. Ojalá algún día reciba un correo suyo...

Y una vez más, tengo que dejar el final para otro día. Espero terminar la historia mañana o el domingo (ya queda poco...).

jueves, 21 de noviembre de 2013

El regreso (o cómo recorrer más de 800 km sin pagar un duro...)

Bueno, vamos allá. El martes me levanté a eso de las 6 de la mañana para empezar el duro regreso a casa desde Bélgica. Había tenido problemas con mi supuesto conductor en BlaBlaCar la noche anterior, así que la opción que me parecía más acertada en ese momento era hacer autostop hasta Polonia. Mis amigos me convencieron para que primero cogiera un tren hasta Lieja, y desde allí sería más fácil pillar algún coche que fuera a Alemania, así que Olga y yo nos fuimos a la estación, con intención de coger el tren de las 8:01, y allí empezaron los problemas. Nada más llegar a la estación central se nos acerca un chaval joven con un micro y empieza a hablarnos en francés. Olga habla con él un rato. Entiendo algo sobre una huelga y una entrevista para Radio Bruselas. Olga dice que no. El chaval me mira. Le digo que no hablo francés, y me cuenta todo en inglés. Hay una huelga y al parecer no se ha avisado por ningún medio, con lo cual es imposible que la gente se haya enterado. Nos acercamos a las pantallas y vemos que el tren a Lieja de las 8:01 está cancelado. El amigo me hace una entrevista rápida en inglés y me desea suerte en mi viaje. Ahora hay dos opciones: un tren a las 8:07 y otro a las 8:35. Me decido por el último, porque llega antes (no me preguntéis cómo) y así tengo tiempo a desayunar algo en Bruselas.
Olga y yo nos sentamos en unas mesas enfrente de las pantallas para ir controlando los trenes mientras tomamos un café. Vemos con horror como algunos trenes son cancelados y la mayoría vienen con retraso. El de las 8:07 dice que lleva "retraso indeterminado". A los 10 minutos ya dice que se ha cancelado. Cada vez hay menos espacio para nuevos trenes en las pantallas, debido al alto número de retrasos que se van acumulando. A las 8:30 bajamos al andén, no vaya a ser que justo este tren llegue puntual... y así es. A las 8:35 llega mi tren, me despido de Olga, y encaro el autostop con ánimo, visto que con el tren he tenido mucha suerte.



Poco antes de las 10 llego a Lieja, y empiezo a andar sin saber muy bien a dónde me dirijo. Intento seguir los carteles que indican la autopista en dirección Aachen, que ya es ciudad alemana y me sirve como referencia. Encuentro una entrada a la autopista donde hay un semáforo, y decido que es un buen sitio para esperar, porque no hay peligro y los coches van en la dirección deseada. Error. Después de que varios conductores me hagan un "no" con la cabeza al verme levantar el pulgar, se para un amigo y me pregunta dónde voy. "Germany, Poland...". "Sorry, I'm going to Namur...". Totalmente en la dirección opuesta, así que esa entrada era para ambos sentidos. Empiezo a desanimarme, pero a los 15 minutos para un cochazo y me dice que me suba, sin ni siquiera preguntar dónde voy. Después de darle las gracias le digo hacia donde me dirijo, y me informa de que él va a Namur, como el de antes, pero que puede acercarme a una estación de servicio a unos 15km, por donde pasan muchos camiones dirección Alemania. Se lo agradezco y enseguida hace una llamada con su manos libres. No sé mucho francés, pero entendí que hablaba con su secretaria para aplazar una reunión, porque había tenido un contratiempo y llegaría un poco tarde. Gracias a Dios, todavía hay gente buena en el mundo. Así que me dejó en la Aire de Tignée, donde yo no tenía muy claro qué hacer o dónde ponerme.
Empecé poniéndome en la puerta de la estación de servicio, preguntando a todo el que pasaba si me podían llevar a Alemania. La mayoría decían que no podían, que iban en otra dirección. Bastantes sencillamente no me entendían. Y por último, algunos pocos, me decían que no querían. Tal cual. No hay de qué culparles, pero duele que la gente no se fíe de ti... Decidí cambiar mi estrategia para no recibir esas decepciones. Me fui hacia la salida de la gasolinera, en una rotonda en la que había un pequeño recodo donde un coche se podía para si quería. Pero nadie paró. La verdad es que una rotonda no es el mejor sitio para colocarse... Estaba lloviendo, así que decidí volver a mi puesto inicial, donde al menos no me mojaba y me podía resguardar mejor del viento. Y desde allí, vi un puesto mejor: otra salida, debajo de un puente para no mojarme, por donde los coches tenían que pasar muy despacito y no sería un problema parar. Levanté el dedo y después de unos pocos coches, uno se paró y me preguntó. "Germany?", dije yo. "France", dijo él. La historia se repitió un par de veces más. Llevaba ya unas dos horas en la estación de servicio, y perdía la esperanza de que alguien fuera a Alemania. Me moría de frío, tenía que ir al baño y el hambre empezaba a notarse, así que decidí que entrar un rato no empeoraría las cosas. Después de trabajar bien en el baño, me compré un par de sándwiches para el viaje. Y entonces vi a mi salvador: una matrícula de la República Checa. Guardé mi comida en los bolsillos de mi abrigo, le abordé y... nueva decepción: no habla inglés. De alguna forma entiende que le estoy preguntando si va a Praga, y me responde que sí, a la vez que me hace gestos para que espere. Se mete en la estación de servicio. Vuelve a salir, va a su coche, coge algo y vuelve a entrar, a la vez que me mira y me repite que espere. Cada vez tengo más claro que el pobre hombre no sabe cómo decirme que no, así que evito mirarle cuando sale otra vez. Pero se me acerca, y me pregunta si voy a Praga. Estaba preparado para eso, así que llevaba una foto en el móvil del camino que más o menos tenía previsto seguir. Me miró decepcionado, y me dijo que su ruta era Frankfurt, Nüremberg, Praga. Me pregunta si me sirve alguno de esos sitios, y yo le digo que por supuesto. Estaba desesperado por abandonar esa gasolinera. Entrar en Alemania lo veía como una solución más que aceptable, así que le hice entender que Frankfurt me venía bien...

Mañana termino. Lo prometo.

jueves, 10 de octubre de 2013

¡Ser feliz sí garantiza un futuro!

Es alucinante lo que uno puede llegar a descubrir cuando se pone a ver los vídeos que la gente cuelga en facebook, en vez de limitarse a poner "me gusta". Como aquí en Polonia tengo mucho tiempo libre, aprovecho para descubrir nuevas maravillas, y ayer una buena amiga colgó esto:



Te cagas, ¿eh? Es para pensarlo. Siempre he oído "no se trata de hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace", y aunque la frase es bonita y no totalmente falsa, tampoco me parece totalmente correcta. Está claro que tenemos que amar y poner pasión en lo que hacemos si queremos vivir felices, pero si hay más de un camino, ¿por qué no cojo el que realmente mueve mi alma? ¿Quién eres tú para garantizarme que ir a clases de ampliación de matemáticas cuando tengo 6 años me llevará a un futuro estable, feliz y sin preocupaciones? De hecho, ¿quién eres tú para decidir qué me dará de comer? ¿Quién eres tú para decirme qué es un trabajo "de verdad"? ¿O un "buen trabajo"? ¿O un "buen sueldo"?

"¿Y así estaré más contenta que haciendo lo que me gusta?" La pregunta de la niña es para darle vueltas...

jueves, 19 de septiembre de 2013

¿Qué es el dinero?

Seré breve: a la mierda el dinero.
Porque realmente, ¿qué es el dinero? Un invento nuestro para poder dividir a la sociedad en "ricos" y "pobres". ¿Qué necesidad hay de preocuparse tanto por tener más y más? ¿Quién fue el listo que dijo: "si tú me das estas dos vacas, yo te doy un par de trocitos de metal. ¿Trato?"? ¿Quién fue el genio que puso precio a la educación? No lo entiendo. ¿Por qué no nos pagamos con amor? ¿Por qué no actuamos desinteresadamente? ¿Por qué no damos sin esperar nada a cambio? O, por qué no, esperando algo a cambio: yo te enseño a sumar, porque sé que tú me enseñarás a leer. La respuesta es más que evidente: el mundo está demasiado corrupto y esto que propones es una utopía.

No lo niego, es utópico. Pero me molesta tantísimo que la gente que me rodea se enfade por culpa del dinero, que no sé qué decir. Un buen amigo ha colgado este vídeo en facebook, y yo lo comparto con vosotros.



La gente es agradecida. La gente quiere ser amada. Todo sería mucho más fácil si hiciéramos más caso a San Agustín: "Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos".
O, como dice Monseñor Myriel en Les Misérables, "A los que ignoran, enseñadles todo lo que podáis;la sociedad es culpable de no dar enseñanza gratis: es responsable de la noche que produce. Esta alma está llena de sombras, y allí se comete el pecado. El culpable no es quien ha cometido el pecado, sino aquél que ha hecho la sombra". Para pensarlo con calma...

martes, 17 de septiembre de 2013

Reflexiones antes de partir

Estoy en el autobús, dejando Madrid una vez más. En menos de una semana pondré rumbo a Polonia, y ayer por la noche reflexioné sobre lo que ha sido este último año. Lo que llevamos de 2013, al menos. Y no me gustó las conclusiones a las que llegué.

Es cierto que han pasado cosas muy buenas: la familia se agranda con dos sobrinas más; mi hermano y su mujer ya tienen una casa propia en la que vivir; he hecho un curso de teatro maravilloso, en el que he conocido gente estupenda...
Pero por otro lado, me doy cuenta de que he hecho daño o he decepcionado a gente que me quiere más de lo que merezco, gente que confiaba en mí. Y darse cuenta de esto es duro. Me doy cuenta de que me estoy convirtiendo en un tipo de persona que siempre he despreciado. Me fui de Catalunya, en parte, porque no me gustaba el camino que llevaba ahí. Y ahora necesito irme de Madrid, cambiar de aires, porque el camino que sigo ahora me gusta menos que el anterior.

Desde aquí, y antes de irme, quiero pedir perdón a toda esa gente que se ha sentido decepcionada por mi actitud de estos últimos 5 ó 6 meses. Como diría Cristiano, "no me siento feliz", aunque creo que ahora estoy en el buen camino.
Es importante no olvidar todo lo que hemos vivido. Quiero cambiar, pero no puedo renunciar a quién soy, a mis aciertos y mis errores. Usar el pasado para aprender, y no huir de él, es lo que lleva a una persona a la madurez, y esto es lo que creo que he estado evitando.

Gracias por su atención, y perdón por esta entrada tan ambigua.

viernes, 7 de junio de 2013

Retorno incierto



Vuelvo a escribir. No sé si por mucho tiempo, pero de alguna forma necesito airearme del estudio, y el blog puede ser un buen remedio. Lo que puedo prometer, es que el curso que viene, desde Polonia, escribiré de forma regular.

Por ahora, lo que os voy a contar es que llevo un año repartiendo folletos de la Ecole Française de Danse cuando me lo piden, y en este tiempo he distinguido 4 tipos de actitudes al recibir los flyers:


Por un lado, están los dos extremos; los buenos y los malos. Están los que te cogen la publicidad, te sonríen, te dan las gracias, algunos incluso te piden información sobre lo que estás repartiendo. Este grupo son la inmensa mayoría, y hacen que tu trabajo sea muy fácil. El grupo de los malos son los que hacen todo lo contrario: no sólo no te cogen lo que repartes, sino que además te ignoran. Giran la cabeza más de lo que los médicos recomiendan para no tener que cruzar su mirada con la tuya. Son de los que piensan "si no le veo, no me ve". Gente desagradable hay por todos lados, pero gracias a Dios, este es el grupo más reducido.

Por otro lado están los intermedios: los que cogen los folletos sin apenas mirarte, y los que no te lo cogen, pero te sonríen y dicen "no, gracias". Yo, sinceramente, prefiero que no me lo cojan y que sean simpáticos, que no esos prepotentes que creen estar haciéndote un favor por coger un pedazo de papel de tus manos con cara de amargado.

Y hasta aquí la entrada. Sé que no es muy potente, pero poco a poco iré recuperando el hábito de escribir, afilaré mis puñales y empezaré a repartir estopa. Todo llegará...

jueves, 7 de marzo de 2013

Beekeeping y alguna cosa más

Este blog está muy inactivo. Cierto. Pero tengo un par de motivos para no colgar nada.
El primero es que cada vez menos gente lee lo que escribo. Llega un momento en la vida de un bloguero, en el que te planteas para qué o para quién estás escribiendo. No hay respuesta. Colgué una encuesta sobre la reciente noticia de que Un Servidor iba a dejar de escribir y, para mi sorpresa, la encuesta sólo tuvo 6 participantes. Lamentable. No es que escriba para ser reconocido por los demás, pero siempre motiva el tener comentarios y esas cosas. No obstante, este no es el principal motivo por el que escribo menos.

La verdadera razón es la mala organización de la facultad de Químicas. El año pasado nos dijeron que los profesores se reúnen antes de empezar las clases para confeccionar unos horarios que puedan ir bien a todo el mundo, y nos aseguraron que NUNCA tendríamos más de 3 días de laboratorio por semana. Mentira. Este año han sido pocas las semanas que he tenido menos de 4 días de prácticas. Esto quita mucho tiempo, porque tienes que pasar el día entero en la facultad, y cuando llegas a casa lo último que te apetece es meterte en el ordenador para escribir cuatro idioteces que leerán 20 personas. Sólo para que os hagáis una idea de lo duro que es todo esto, diré que antes veía un capítulo de alguna serie todas las noches, sin excepción. Ahora llevo un retraso de 2 capítulos tanto en The Big Bang Theory como en Castle.

Por último, hace poco, mientras buscaba una entrada antigua que nunca llegué a escribir, leí algunos de mis escritos de mi primer año en Madrid, y la calidad ha empeorado considerablemente. A lo mejor tendré que parar durante un tiempo. No lo sé. Por ahora, disfrutad de este vídeo, que espero que os enseñe muchas cosas sobre el cuidado de abejas:


martes, 20 de noviembre de 2012

Esta no va de fútbol. Lo prometo.

Bueno, en realidad no va 100% sobre fútbol. Pero algo habrá. Es inevitable. He recibido duras críticas y amenazas de que este blog "dejará de molar" si sigo hablando sólo de fútbol, así que por un día voy a recuperar mi antiguo tema: despotricar de los estudios.

Necesito una motivación. Este verano (como el pasado...) me había propuesto meterme a saco con la carrera: he dejado las clases de canto y la Big Band para tener más tiempo, pero no ha servido de nada. No me gusta lo que estudio y sigo sin saber por qué lo estudio. Necesito algo que me motive a tomármelo en serio. Podría ser el dinero que están gastando mis padres en mi educación, pero no me sirve, porque lo voy aprobando todo, o sea que dinero no estamos perdiendo.
En un momento me piqué porque algunos compañeros me tenían por el tonto con suerte de la clase, pero tampoco duró mucho tiempo. Yo sé cómo soy y me la suda lo que piensen los demás. ¿Acaso pretendo sacarme la carrera para poder presumir de tener un título universitario? Dios no lo quiera...
Al fútbol (¿lo veis? Era imposible evitar el tema...) le dedico bastantes horas, y me gusta preparar bien los entrenamientos, pensar las convocatorias y las alineaciones con calma, para ser lo más justo posible. ¿Por qué no puedo dedicarle el mismo esfuerzo a la química? A lo mejor es porque siendo entrenador veo que aporto algo a alguien, mientras que lo de la química es sólo para mí. Entonces pienso que me podría motivar lo que aportaré cuando sea químico. Podría descubrir algo importante... pero no. El trabajo de investigación no es para mí. Esto lo tengo claro. Entonces, la docencia. Aportarás conocimientos a otra gente, la mayoría de los cuales estará como yo, sin saber muy bien por qué están estudiando eso y cagándose en el profesor que les obliga a ir a clase a escuchar cosas que no quieren oír...

Está claro que me he equivocado. No tenía claro lo que quería estudiar, y seguí adelante porque primero fue exageradamente fácil, y pensaba que toda la carrera sería así. Error. Si algún día tengo hijos, tengo muy claro que antes de mandarlos a la universidad les animaré a pensar muy bien en lo que quieren hacer. No se puede ir a la universidad con la mentalidad con la que yo he ido. Estoy perdiendo el gusto a todo en Madrid.  Sólo me queda el fútbol...

Este final es demasiado dramático, así que os dejo con una buena canción para que no os desmotivéis demasiado. La vida es la vida, y hay que vivirla.




And you call when it's over
You call it should last
Every minute of the future
Is a memory of the past
Cause we all gave the power
We all gave the best
And everyone gave everything
And every song everybody sang

Life is life

sábado, 3 de noviembre de 2012

Retrasado

Como podéis ver, últimamente me está costando bastante escribir, así que si, como de costumbre, encuentro una entrada bestial en el blog de mi amigo Txeiks, no dudo en robársela. Se trata de una carta de John Franklin Stephens a Ann Coulter, una periodista que tildó a Obama de retrasado en un tweet, durante el debate del pasado 22 de octubre.

John Franklin Stephens
"Venga, sra. Coulter, usted no es estúpida ni superficial. Entonces, ¿por qué está continuamente utilizando la palabra R como un insulto?
Soy un hombre de 30 años con el síndrome de Down que ha tenido problemas por el hecho de que mucha gente piense que tener una discapacidad intelectual significa que soy estúpido y superficial. Yo no soy ninguna de estas cosas, sólo proceso la información más despacio que la mayoría de ustedes. De hecho, me ha llevado todo el día encontrar la manera de responder a su uso de la palabra R ayer por la noche.
Primero pensé que utilizó esta palabra para describir al Presidente como un niño que es intimidado por gente como usted, pero que lo ha superado y ha encontrado la manera de tener éxito en la vida como muchos de mis compañeros de los Special Olympics.
Después me pregunté si pretendía describir al Presidente como alguien que tiene que luchar por estar atento a todo lo que dice, como todos nosotros en cada carrera, desde un obstáculo hasta el siguiente.
Finalmente, me preguntaba si usted pretendía menospreciarlo, tratándolo como si fuera alguien que probablemente recibe una mala atención sanitaria, vive en viviendas humildes con muy pocos ingresos y se las arregla como puede para ver la vida como un don maravilloso.
Porque, señora Coulter, esto es lo que somos. Esto y mucho, mucho más.
Después de ver su tweet, me di cuenta de que sólo quería menospreciar al Presidente vinculándolo a gente como yo. Supuso que la gente comprende y acepta que vincular el Presidente a una persona como yo es un insulto y supuso que podía salirse con la suya y seguir apareciendo en la televisión como si nada.
Me pregunto si se planteó la posibilidad de usar otras palabras odiosas pero las descartó pensado que podían volverse en su contra.
Bien, sra. Coulter, usted y la sociedad tienen que aprender que cuando comparan alguien a gente como yo en realidad le están dando una insignia de honor.
Nadie ha superado todo lo que hemos pasado nosotros y mantiene todavía este amor a la vida.
Venga y únase algún día a nosotros en los Special Olympics. Venga y mire si después puede mantener su corazón indiferente."

Un amigo que no ha hecho todavía,
John Franklin Stephens
Global Messenger
Special Olympics Virginia

viernes, 14 de septiembre de 2012

Los niños tienen la solución: el problema es Italia

Reproduzco fielmente una conversación que escuché el otro día en el colegio, mientras yo trabajaba. Dos niños de unos 6 años entran en el baño, y mientras están en pleno proceso, a uno le da por reflexionar sobre temas que nos tienen a todos preocupados:

-¿Sabes quién inventó fumar?
-¿Qué?

El otro chaval todavía no se entera de que está a punto de descubrir la verdad...

-¡Que si sabes quién inventó fumar!
-¿Quién?
-Los italianos.

Momentos de silencio. El chaval no puede dejar al descubierto su profunda ignorancia:

-Ya lo sabía, pero no me acordaba.

Y ojo, que ahora viene el momentazo:

-Es que los italianos son unos tontos.
-Hacen muchas cosas feas.
-¿Has terminado?
-Sí.

Y se van tan contentos, sin saber que el mundo nos iría mucho mejor si todos fuéramos tan sencillos. No hay por qué complicarse cuando todo es así de fácil...

Os dejo con una pequeña muestra de la estupidez italiana. El trailer de una película que os recomiendo no ver jamás...


sábado, 16 de junio de 2012

Una serie de consideraciones sobre la forma de funcionar en este blog

Empecemos por el principio: este blog es mío. Hacía mucho tiempo que no lo decía, y ya tocaba... Para los que todavía no se hayan enterado, el nombre del blog (A LA MEVA) significa, literalmente, "a la mía", es decir, a mi bola. Por lo tanto, voy a escribir lo que me salga de la pilila (cosa que las chicas no tienen, por cierto...), y si no te gusta, puedes irte a otro lado. Tienes mi permiso.

En segundo lugar, y no por ello menos importante, está el tema del respeto. Está muy bien que se creen debates, y no pido que todo el mundo opine como yo, pero sí que me gustaría que se guardaran un poco las formas. Después de casi dos años escribiendo tonterías por aquí he podido comprobar que, cuando hablas de religión, te saltan encima los fanáticos ateos; cuando hablas de Mou, los fanáticos merengues; cuando hablas de Guardiola, los fanáticos independentistas (yo tampoco entiendo por qué se mezcla el fútbol con política. Debe de ser culpa de los bancos, como todo...); cuando hablas de buena música, los fanáticos defensores de Bieber y compañía; cuando hablas de apuestas, los fanáticos antijuegosdeazar; y así se puede seguir hasta el infinito y más allá.
Según la RAE, fanático es aquél "que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas", y en una segunda acepción, es aquél que está "preocupado o entusiasmado ciegamente por algo". Mi conclusión es que el fanatismo no es bueno, así que si quieres expresar tu opinión, hazlo, pero que no se te nuble el entendimiento. Puedes tener razón sin necesidad de meterte con nadie ni con nada. Si queréis un ejemplo de cómo se da tu opinión respetando a los demás, id a la entrada de hace unos pocos días, en la que hablo de la financiación de la Iglesia, y léete los comentarios. Un 10 para Charly y Dani...


Finalmente, y ésto sí que es menos importante, me gustaría que evitarais los comentarios anónimos. No creo que mi blog sea tan mundialmente conocido como para que me comente gente a la que no conozco, así que agradecería que dijerais quién sois. Pero ya digo que esto no tiene mucha importancia. Si quieres seguir escondiéndote en el anonimato, allá tú.

miércoles, 13 de junio de 2012

Una entrevista muy interesante

Ayer ya os aburrí con una entrada un poco larga, así que hoy me limito a colgaros un link al blog de un buen amigo, que ha colgado una entrevista que nos convendría leer a todos los estudiantes y profesores...

miércoles, 6 de junio de 2012

¿Las mujeres son el problema?

Que nadie se me enfade. No quiero ofender a ninguna feminista radical que tome mis palabras al pie de la letra. Sólo quiero subir una imagen que me ha hecho mucha gracia.
Estaba yo buscando camisetas frikis matemáticas (no me juzguéis por esto; estoy de exámenes y cualquier cosa es excusable...) y me encontrado con una que tenía, más o menos, la siguiente imagen:

Para los que no tengáis muy a mano esto del inglés, os lo explico un poco, porque es realmente gracioso (repito: que nadie se enfade, que sólo es una broma...).
Se parte de la base que para mantener a una mujer necesitas tiempo y dinero, por lo tanto:

1) Mujer = Tiempo x Dinero


Mil veces hemos oído que el tiempo es oro, oséase, dinero. 

2) Tiempo = Dinero


Así que se simplifica la cuestión:

3) Mujer = (Dinero)2

Ahora tiramos de un dicho que dice que el dinero es la raíz de todos los problemas.

4) Dinero = (Problemas)

Y ya sólo nos queda sustituir en la ecuación principal, de tal forma que, aunque me pese, nos queda que:

5) Mujer = ((Problemas))2
    Mujer = Problemas

En fin, dicen que las matemáticas son la verdad, así que aquí lo dejo...


viernes, 1 de junio de 2012

Here comes the sun, turuduru...

Antes de nada, dejadme deciros que George Harrison es el mejor de The Beatles. Espero que nadie se me ofenda. Por este motivo, os cuelgo esta versión, y no la del grupo. Si alguien tiene algún problema, puede dejar de leer o no escuchar la canción. Tienes mi permiso.



Ahora vayamos al tema, aunque creo que hablé de esto hace poco. Se acerca el sol. De hecho, se acerca tanto, que voy a empezar a ir de la universidad a mi casa en autobús, porque si voy andando me achicharro, y algún día desfalleceré por el camino...
En fin, que hace mucho calor, que Madrid no tiene playa, que el miércoles fue un día inolvidable, y que no está bien que estas cosas surjan cuando empiezas exámenes. Exámenes. Esto es. Ya no me acordaba de lo que quería contar. Hoy hemos empezado los exámenes, y como alguien responsable debo decir que este blog estará menos activo de lo que está últimamente (¡que ya es decir!), pero como alguien sincero tengo que decir que esto es mentira, porque ya he estado de exámenes antes, y la verdad es que suelo tener más tiempo libre.
Ahora mismo estoy escribiendo esta basura de entrada porque acabo de hacer dos exámenes y no me apetece nada estudiar. Siento si mi pereza te ha hecho perder mucho tiempo. No era mi intención.

Para terminar la entrada de una manera mínimamente correcta, voy a decir algo más a favor de George Harrison. Hace muchos años me contaron (o leí, ya no me acuerdo...), que un chaval les pidió a Paul McCartney y a John Lennon si podía tocar en su grupo. Los dos amigos le llevaron al concierto de un guitarrista muy bueno y le dijeron: "cuando toques como éste, te dejamos tocar con nosotros...".
El chaval se puso a ensayar hasta que le sangraban los dedos; el chaval se llamaba George Harrison. No puedo confirmar la veracidad de esto, pero ¿es el mejor o no es el mejor? Hay que luchar por lo que uno quiere...