Mostrando entradas con la etiqueta més que mil paraules. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta més que mil paraules. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de agosto de 2014

This is goodbye...



(Press "play", then start reading. Dale al "play", y luego sigue leyendo)

Sé que he estado muuuucho tiempo sin escribir, y ahora que lo hago es para decir que esto se acabó. Sí. Y para esta última entrada voy a usar distintos idiomas.

As I listen to Jason Mraz, I have this feeling that something big is over. I'm done with a very important part of my life. I'm not a student anymore, and I will never be again (at least in the same way...). In less than a month I'll start working, and I'm not saying I already miss this student's life, but it's hard to say goodbye to it, to everything I've lived in the last 4 years...

El blog va començar en català, aproximadament un mes després d'haver acabat la selectivitat. I va néixer, sobretot, com una via d'escapament dels meus pensaments. Tenia moltes coses al cap; durant l'últim trimestre del meu últim curs a Bell-lloc, el meu plantejament vital va canviar radicalment, i necessitava un lloc on escriure les coses que passaven pel meu cap, encara que no tinguessin cap mena de relació amb el que realment passava al meu interior. Un InterRail després, m'encaminava a Madrid, on començaria la nova etapa de la meva vida, i el blog aviat va passar a escriure's en castellà.

Recuerdo perfectamente todos y cada uno de los años que he pasado en la UCM. Primero fue un año de tanteo, de encontrar mi sitio en esa gran ciudad, viniendo de un pueblecillo como Girona. Viviendo en un Colegio Mayor donde yo no entendía a la gente y la gente no me entendía a mí, pronto encontré mi sitio entre la gente de la universidad, un ambiente muy diferente al que había vivido hasta entonces. Aunque empezamos saliendo por ahí en un enorme grupo, poco a poco nos fuimos juntando los que compartíamos afición por la música, los locales cutres y la cerveza barata, más que por las fiestas interminables en discotecas demasiado llenas... Académicamente, ni este ni ninguno de los cursos posteriores tienen mucho interés, pero los amigos que hice durante ese primer año, aunque más de uno ha dejado la carrera, siguen siendo las primeras personas a las que llamo cuando vuelvo a Madrid después de una larga (o no tan larga) ausencia, para ir a tomar una cerveza y algún que otro chupito.

Segundo fue, sin lugar a dudas, el mejor año. Me cambiaron a casi todos los compañeros de clase, pero seguí con mi compañero de apuestas, al que ya conoceréis si habéis estado siguiendo este blog con asiduidad. El destino y mi apellido hicieron que me juntara con dos de las chicas más inteligentes y trabajadoras del curso, con lo que una vez más, el aspecto académico pasó a ser poco importante. Yo ofrecía sonrisas y buen humor a cambio de su disposición de ayudarme cuando lo necesitara. No es mal trato, ¿no?
Supermiércoles. No haré más comentarios al respecto.
Ese año también fue mi primer año en un piso de estudiantes, con un chino de Navarra y un escocés de Murcia. Aunque el piso no era el mejor del mundo, las fiestas que llegamos a hacer allí lo convirtieron en uno de los mejores de la zona, no lo dudo. Recuerdo (y creo que toda la promoción lo recuerda) ese "supermiércoles", que empezó con un desayuno en el 100 Montaditos y terminó con Olga dando vueltas en el circular ella sola hasta que le cerraron el metro, para luego dar vueltas en el búho. Los vídeos de ese día permanecerán para siempre en nuestros corazones y en nuestros móviles. Dudo que jamás vuelva a reírme tanto en un solo día...

Y llegó tercero. El grupo de amigos que había hecho el año anterior siguió en mi misma clase, pero los de primero se iban quedando por el camino, y entre esto y que ha sido el curso más duro, no hay mucho que sea digno de mención, aparte de que me convertí en un as del ajedrez gracias a las clases de Analítica con Alvarito.

De lo poco digno de mención de tercero. Me dejé teñir el pelo de naranja.
La verdad es que tonterías hemos hecho para aburrir...
(Hago un pequeño paréntesis para decir que futbolísticamente fue el año que más disfruté, entrenando a una generación de chavales que conseguirán grandes cosas. Sin embargo, no estoy hablando de fútbol en esta entrada porque esto todavía no ha acabado...).

And, finally, the Erasmus, which should be divided in two semestres. During the first semestre I met a lot of people which I will forget as soon as I start the next period of my life. This is something that happens on a experience like this one, when most of the people you meet are happy faces in the door of a club at 6am on a Tuesday...
However, I also met very special people like my flatmates or the guys living next to my room (¡mención especial para Marcos, que al final se ha quedado sin su entrada sobre Bratislava y sé que es de mis seguidores más fieles!). The best days were probably when my friends from Catalunya came and we organised a concert with an awesome band from Wroclaw. But everything I did during that first semester had no meaning, and when I came home on Christmas, I didn't want to go back.

During the second semester, however, I started to go daily to a church next to my dormitory, where there was a youth group, Wawrzyny, which helped me do useful things. I also joined a theatre group, The Shakespeare Society, with whom I laughed at least twice a week. I started working in a Spanish academy, El Sueño, where I could feel that I was not wasting my time in Poland. The last month, although it was the busiest, because I had to prepare my final thesis and study for an exam from Spain, it was also the best. Something beautiful started, and I thought it would last forever. Everything seemed so easy, but once again, it's time to say goodbye to yesterday and, as usual, Jason Mraz puts words to my thoughts...

Having fun on Erasmus with my people...

...having fun with my roommates...

...having fun with The Shakespeare Society.
As you can see, Erasmus is basically about having fun!
Me fui a Madrid. Empecé el curso de Jana Producciones, como el año pasado, y me sentía en una nube. Durante la segunda semana de curso mis compañeros y profesores empezaron a notarme raro, y es que ya se ve que no soy muy bueno escondiendo mis emociones. Fue una semana muy mala, la verdad. Probablemente ha sido a lo que más me ha costado decir adiós, pero Jana me ayudó a meter la cabeza en algo que me gusta, y eso hice. Me metí en cuerpo y alma. Me comí críticas y broncas con una sonrisa y con ganas de aprender y mejorar. Y lo hice (o eso quiero creer). Ahora me duele que se haya acabado el curso. Quiero que llegue septiembre para hacer cosas con Jana otra vez, y este mes de agosto se me va a hacer muy largo...

El blog va començar en català, i en català acabarà. Quan vaig començar el blog, com ja he dit, va ser just després d'un canvi important en la meva vida. I de la mateixa manera acaba. Ja no sóc estudiant. Durant aquests quatre anys he fet molts amics, i sé que a la majoria deixaré de veure'ls (perquè això ja ho he viscut amb els amics del col·legi) i, com diu Jason Mraz, és difícil dir adéu a l'ahir, però també és necessari. Aprendré de tot el que he viscut i seguiré creixent.

Pues lo dicho. Esto se ha acabado.
Moltes gràcies per haver aguantat les meves parrafades!

viernes, 9 de mayo de 2014

Lunes de Pascua polaco

Sí, ya sé que el lunes de Pascua pasó hace tiempo, pero yo os quiero contar ahora lo que hice ese día.

Aquí en Polonia suelo ir a Misa a una iglesia muy cercana a mi residencia que a todas horas está llena de estudiantes. Los fieles de esa parroquia, al verme tan a menudo con mi Misal, con cara de no entender mucho el idioma, se me fueron acercando para ofrecerme su ayuda, o simplemente para presentarse y curiosear sobre por qué un español va a Misa casi todos los días si no entiende lo que dice el sacerdote. Uno de los que más me han ayudado ha sido un chaval un poco mayor que yo que se llama Mikołaj (curiosamente, igual que yo). Este chico me ha llevado a jugar a fútbol, se ha ofrecido a traducirme los sermones del sacerdote más de una vez, me compró una Biblia en español y, justo antes de que me fuera a pasar la Semana Santa en casa, me invitó a conocer a su familia a la vuelta.
El domingo de Resurrección, cuando llegué a Polonia, llamé a Mikołaj, quien me dijo que el lunes irían todos los hermanos a comer a casa de sus abuelos, y que estaba más que invitado a unirme al festín. Como buen catalán, no dije que no a una comida gratis (que se auguraba abundante, además...).

El lunes preparé unas fresas del Maresme que me había traído conmigo para dárselas la familia y me encaminé a casa de mi amigo. Cuando llegué, Mikołaj no estaba allí. Tampoco sus padres ni ninguno de sus hermanos. Llegaba tarde, así que empecé a preocuparme, pensando que tal vez se habían ido sin mí. Al poco llegó una chica, que me miraba y me sonreía. Con un inglés bastante rudimentario me dijo que era Melania, la hermana pequeña, y me preguntó si era el amigo de Mikołaj. Le dije que sí, y vi que un poco más atrás llegaban sus padres, Grzegorz y Beata, a los que ya había conocido anteriormente. Todo arreglado. Al poco rato llegaron también Mikołaj y Witek, su hermano mayor, que está estudiando en Escocia, y llegó el momento de partir. Todos querían ir andando, pero intuyendo que al acabar la comida la gente querría ir en coche, a Mikołaj y a mí nos tocó conducir hasta allí, con lo que llegamos bastante antes que el resto de la familia y pasamos unos divertidos momentos con Jacek, el abuelo, que sólo habla polaco y parece un poco ido, y con Krystyna, la abuela, que nos sorprendió a los dos cuando dijo que entendía el inglés.

Esta es la pinta que presentaba la mesa cuando llegué.
Siento no tener también una foto con los comensales...
La mesa estaba puesta, y todo tenía una pinta excelente. Llegó casi el resto de la familia, con Zuzanna, otra hermana a la que todavía no conocía y solo faltaba Helena, la segunda de los hermanos, a la que ya había conocido en la iglesia, que dijo que llegaría más tarde con su novio, cuyo nombre no recuerdo, así que nos sentamos a comer sin ella.. Empezamos con una sopa de tomate excepcional, con arroz y otras cosas dentro. Eso se acabó rápido, y pasamos a los segundos: ensalada normal, ensalada griega, kasza (un cereal que me recordó al arroz, porque si lo comes solo no sabe a nada, y en Polonia lo usan como acompañamiento de todo), una especie de puré de patatas y, como plato fuerte, carne de pato con un relleno que no sé explicar (porque no entiendo mucho de cocina), pero era algo parecido a la pilota al forn que prepara mi padre, y para acompañar la carne, borówki, una salsa de arándanos rojos muy típica de los países de esta zona. Había otra ensalada, a base de frutas y queso, que no me quedó claro si formaba parte del segundo plato o del postre. En cualquier caso, estaba tremendamente buena.
Después de repetir de carne y ensalada, cuando parecía que no podíamos comer más, llegó el postre: diferentes galletas, frutas, pastas y dos tipo de mazurek, un pastel típico de Polonia, que comen dos veces al año: en Pascua y en Navidad. Por supuesto, nada de todo eso era comprado, sino que Krystyna lo había cocinado todo con mucho amor y dedicación.

Por si todo esto fuera poco, cuando me despedí de los abuelos me pusieron carne, ensalada, mazurek y un poco de pan en un tupper, para que tuviera comida para un par de días más...

Y así fue mi primer segundo plato. Luego le siguieron otros parecidos...

miércoles, 19 de marzo de 2014

¿Día del padre?

19 de marzo, solemnidad de san José. Día del padre. ¿Día del padre? Que yo recuerde, nunca hemos celebrado esta fiesta como "día del padre" en mi casa. Creo que nos han educado lo suficientemente bien como para saber lo que debemos, y por eso todos los días agradezco los padres que tengo, y no sólo cuando me lo dice el Corte Inglés...
Así pues, no voy a hablar de mi padre, sino de mi familia en general. (Dadle al play y seguid leyendo, que no hay vídeo, sólo música).


Para aquellos que no lo sepan, soy el pequeño de 6 hermanos. Mi hermana mayor estuvo trabajando durante un tiempo en la Universidad de Piura, en Perú; el siguiente ha vivido 5 años en Jerusalén y otros dos en el Líbano; la otra chica estudió un máster en Estados Unidos; Marc se casó en Kenya con una autóctona y quién sabe si algún día se irá a vivir allí; por último, el que me precede acaba de presentar su proyecto de fin de carrera en Japón. Con una familia así, es obvio que me fui de Erasmus a Polonia sin ningún miedo. ¡Llevo la aventura en la sangre! Además, ya llevaba tres años viviendo en Madrid, lejos de mis padres, así que aunque esta vez me iba bastante más lejos, la experiencia no era del todo nueva para mí. Hasta Navidad aguanté más o menos bien, aunque al volver ya empecé a ver que no sería capaz de aguantar mucho más tiempo en Polonia, así que en febrero me puse a viajar: Londres, Edimburgo, Madrid y Pamplona. Y se acabó el dinero. Ahora estoy atrapado en este país, y poco a poco se acerca la Semana Santa.

Mi primera idea para esas fiestas era volar a España e irme con la gente del Club Altamira a algún torneo de fútbol, pero mi economía y el deseo de hacer el Curso Intensivo de Interpretación de Jana Producciones en julio me hicieron modificar mis planes. Había que quedarse en Wroclaw. Y entonces, cual hijo pródigo, me di cuenta del tesoro que tengo en Catalunya. Aunque después de haber estado viviendo la Semana Santa en sitios como Granada, Fátima o Roma, un pueblo como Sant Pol se queda pequeño y soso, no me vi capaz de quedarme aquí, con todos los oficios en polaco, sin entender una palabra de los sermones, sin procesiones... Ni hablar. ¡Me voy a casa! Además, creo que todo aventurero necesita regresar al hogar de tiempo en tiempo, y por eso, aunque mi familia parece estar desperdigada por todos los rincones del mundo, siempre encontramos algún momento para coincidir todos, ya sea allí, en Israel, en Kenya o quién sabe dónde...

jueves, 20 de febrero de 2014

UK (parte 2): Edinburgh y mi antiguo compañero

Tras varias horas en coche, durante las cuales tuvimos tiempo de dormir, escuchar buena música, escuchar mala música y jugar a algún que otro juego con nuestro conductor, llegamos a Edinburgh el jueves por la noche. Ya había hablado con Allan, y habíamos quedado en que primero subiríamos a su residencia a cenar un poco, para después bajar al centro a por unas cervezas (que al final se convirtieron en algo más...). En Madrid viví durante año y medio con este murciano-escocés, y ahora llevaba 8 meses sin verle, así que ese reencuentro había que celebrarlo apropiadamente. Después de mandarle una foto a Sijia (nuestro otro compañero de piso en Madrid) y de ponernos al día, bajamos a un bar donde había una fiesta un poco turbia montada (no hay que olvidar que era la víspera de San Valentín...): la gente iba disfrazada como de griegos, con sus túnicas y sus sandalias (lo cual no termino de ver qué tiene que ver con San Valentín, pero en fin...). Un ratillo jugando a las cartas y bebiendo, hasta que subimos a dormir, no muy tarde, porque la paliza con el coche había sido potente. Una cosa interesante de la residencia de Allan: allí comparten baño y cocina 4 habitaciones individuales MUY PEQUEÑAS. Bien. Esa noche no tuvimos muchos problemas, porque uno de otra habitación no dormía en casa y le dejó las llaves a Allan, así que él se fue a la habitación del amigo, Laura y Christina durmieron en la cama y yo en el suelo.
El viernes bajamos a comer a un restaurante que me había recomendado Allan (él tenía cosas que hacer en la uni...), y salimos muy satisfechos y exageradamente lleno. El restaurante es un antiguo banco, y está en una calle bastante pija de la ciudad, con lo cual si nadie te dice nada, no entras allí. Pero tienen hamburguesas (muuuuy generosas) + aros de cebolla + patatas fritas + pinta de cerveza por 6 libras. Como todavía no éramos expertos en ese bar, también pedimos un plato de haggis, neeps and tatties para compartir, un plato típico escocés que no pudimos acabarnos. Nuestra primera idea era ir a Arthur's Seat al salir de allí, pero viendo que amenazaba lluvia, nos decidimos por el museo de arte. Cuando salimos de allí ya estaba cayendo una buena, pero todavía era relativamente temprano, así que fuimos a visitar una iglesia y otro museo, que cerraba cuando llegamos. Seguía lloviendo, y nos decidimos por el shopping. Regalos para todo el mundo (o casi) y vuelta a casa. Cenamos con Allan y nos pusimos a jugar a las cartas hasta las mil (sin Christina, que estaba muy cansada y se había ido a acostar). Antes de ir a la habitación decidimos cómo dormiríamos, porque ahora teníamos una sola habitación para los cuatro. Las chicas en la cama y los chicos en el suelo fue una decisión fácil, pero al entrar en la habitación nos encontramos a Christina durmiendo en el suelo, así que hubo que cambiar de planes, y me tocó dormir con Allan en la cama (una cama muuuuy pequeña). Después de una muy mala noche, sin apenas moverme para no molestarle, di gracias al cielo cuando Allan me despertó para decirme que se iba a unas conferencias que tenía esa mañana. Aproveché para dormir a gusto, hasta que llegó la hora de levantarse. Queríamos ir a desayunar al sitio donde el día anterior comimos, pero llegamos demasiado tarde y sólo servían comidas, así que comimos. Y el sábado sí, viendo el cielo más o menos despejado, nos fuimos a Arthur's Seat, una colina (no llega ni a monte...) donde cuentan que el rey Arturo subía a pensar en sus batallas. En apenas media horita (quizás un poco más porque las chicas iban despacio...) llegamos a la cima, y las vistas eran espectaculares. El día acompañaba y verte rodeado por el Atlántico te hacía sentir con ganas de más. Así pues, bajamos y quisimos subir otra colina que está al lado, pero iba anocheciendo, y a mí se me acercaba la hora de ir a Misa, así que dejé a mis amigas en un bar y subí a la capilla del campus universitario, donde un coro de africanas ya estaba ensayando las canciones de la ceremonia. Agradecí poder entender el sermón y las plegarias y todo en general, después de no entender absolutamente nada en Polonia...
Después de eso fui a la residencia, donde ya me esperaba Allan, y en cuanto llegaron las chicas discutimos qué hacer. Salíamos desde Glasgow el domingo por la tarde, y ellas querían ir para allá por la mañana para visitar la ciudad. Yo prefería irme de fiesta con Allan, que hacía mucho tiempo que no lo hacía, así que quedamos en encontrarnos en el aeropuerto. No hay mucho más que contar. La fiesta estuvo bien (bastante mejor una fiesta de "master" que cualquiera de las "erasmus" que tenemos aquí. Más tranquila, menos locura, mejor inglés...). Volvimos a casa y esa noche las chicas estaban durmiendo en la cama, así que nos tumbamos los dos en el suelo, pero yo, intuyendo que pasaría lo de la noche anterior, cogí el saco y me fui a dormir a la cocina.
Y nada más. El domingo, después de varios problemas que no me apetece contar, llegué al aeropuerto y nos fuimos de vuelta a Wroclaw. Mañana me voy a Madrid, y creo que hasta dentro de bastante tiempo se acabaron mis viajes, porque se acabó mi dinero, también. Ahora, fotos:

A lo mejor no parece mucho, pero os aseguro que llena.
Lo que se ve al fondo es el
haggis, neeps and tatties.
No estaba muy bueno, la verdad...
Un auténtico escocés. Y no tocaba mal...
Y ahora algunas fotos de Arthur's Seat:






lunes, 17 de febrero de 2014

UK (parte 1): Londres y sus musicales

Antes de Navidad ya había reservado los billetes para irme a pasar una semana a Reino Unido. El plan inicial era sólo a Escocia a visitar a Allan, mi compañero de piso en Madrid durante año y medio, pero como los vuelos Wroclaw-London son muy baratos con Ryanair y yo nunca había estado por esas tierras me decidí a comprar el billete de ida a Londres. Mis compañeras de viaje, una italiana y una alemana.
Llegamos allí el lunes por la mañana, y ya vimos que nos adentrábamos a un país mucho más caro que Polonia: el bus del aeropuerto a Londres, 8£ (casi 10€). Cuando llegamos al hostal era demasiado temprano para hacer el check-in, así que decidimos ir al centro a dar una vuelta. Visitamos el British Museum (que no es nada más que un museo de arqueología que muy bien podría estar en cualquier otro lado. Si queréis mi sincera opinión, ese museo está muy sobrevalorado...), después de lo cual fuimos a comer una hamburguesa cerca, porque empezó a llover con ganas. Por la tarde, Camden Town. Para mí, el mejor barrio de Londres. Se trata de un barrio muy underground, lleno de gente rapeando por la calle que intentan venderte sus discos, locales de tattoo's, comida oriental a punta pala, y muchas tiendas originales, con souvenirs diferentes, en un enorme mercado callejero. Después de una cena frugal, volvimos al hostal para descansar, ya que el martes por la mañana había mucho que hacer.

Para empezar, teníamos que estar a las 10 en el Cambridge Theatre (sí, sé que no suena muy temprano, pero tenéis que contar con que tardábamos aproximadamente una hora en ir del hostal al centro de Londres...). El tema es que en ese teatro hacen Matilda the Musical, y cada día ponen a la venta 16 entradas a 5£ para gente de entre 16 y 25 años. Era la oportunidad perfecta para disfrutar de un musical en el West End (el Broadway europeo, para que nos entendamos...). Llegamos allí alrededor de las 10:30, y el muchacho de la taquilla me dijo que se habían agotado, que la gente que compraba esas entradas empezaba a hacer cola a las 7:30. "No pasa nada, el miércoles todavía estamos aquí, y no cometeré el mismo error dos veces", pensé. Salimos corriendo hacia la parada de Westminster, desde donde empezaba un tour gratuito a las 11. El guía esperaba bajo la lluvia, junto a una estatua de Churchill. El tour fue maravilloso, y poco a poco me iba enamorando más y más de esa ciudad. Hablando con el guía, descubrí que lo del turismo era algo que hacía simplemente por placer, que él en realidad era guionista de teatro. Ya tengo su tarjeta guardada, para lo que pueda ser... Después de comer con nuestro querido guía, seguimos visitando museos, tiendas y haciendo turismo en general. Todo muy bonito, pero lo mejor llegaría al día siguiente...

El miércoles me levanté a las 6. No quería que nadie me robara las entradas. Poco después de las 7 ya estaba en la puerta del teatro. Solo. Al otro lado de la pequeña plaza en la que me encontraba, vi a un señor que repartía algo, y en ese momento me di cuenta que no me había llevado ni un libro ni un periódico ni nada que hacer durante casi 3 horas. Me dirigí al señor y le pregunté si eso que daba era gratis. Me dijo que no, así que después de explicarle qué estaba haciendo allí a esas horas, volví a mi puesto. Iban pasando los minutos, y yo seguía más solo que la una. Descubrí que me llegaba el WiFi del bar de enfrente, cosa que me mantuvo entretenido durante un buen rato. A eso de las 8:30 llegaron un par de chicas que, después de verme esperando, decidieron sentarse en otra puerta. A las 9 llegó otra pareja, vio el panorama y se colocó detrás de las dos chicas. Me preocupé un poco. "¿Te imaginas que había que hacer la cola en la otra puerta?". Por el momento sólo había cuatro personas, así que seguí tranquilo. Pero en media hora eso se empezó a llenar (relativamente, entiéndase...). A eso de las 9:30 (hora a la que había quedado con mis dos amigas), debían haber unas 10 personas haciendo cola en una puerta, y yo solo en la otra. Me daba cosa preguntar, sobretodo porque en cuanto llegaran mis amigas también tendría que preguntar "¿os importa si estas dos chicas pasan las primeras conmigo?", así que me quedé en mi sitio callado. Al final llegaron mis amigas, hablaron con las primeras dos chicas de la otra puerta y todo arreglado. Fuimos los primeros. Ahora a esperar hasta las 19:30... Para hacer tiempo nos fuimos a visitar Greenwich, donde puedes estar con un pie en "oriente" y otro en "occidente". El tema del meridiano es una mera curiosidad, pero las vistas que hay desde allí son espectaculares. Como casi todo lo que he hecho en este viaje, no lo puedo explicar, hay que experimentarlo.
Por fin llegó la hora. Y no puedo decir lo feliz que me sentía en ese momento. Era todo tan mágico, espectacular, brillante... Imagino que todos conocéis la historia de Matilda, así que no hay mucho que contar. Sólo quiero que penséis en un montón de niños y niñas de entre 8 y 14 años cantando y bailando encima de un escenario, con un montón de personas mirándoles fijamente. ¡BRUTAL! No quería que se acabara nunca... La chica que hacía de Matilda ese día, Elise Blake, es la Matilda más joven con tan solo 9 años, y ya ha participado en grandes producciones como Les Misérables, The Sound of Music o The Wizard of Oz. Mantendré un ojo en esta muchachita. No es la canción que más me gusta del musical, pero al menos aquí estoy seguro que canta ella, así que os dejo este vídeo para que juzguéis vosotros mismos:



Y, después de esto, ya no se puede hacer nada más. Cualquier otro plan que hiciéramos en Londres, quedaría eclipsado por Matilda, así que el jueves nos fuimos. Blablacar hacia Edinburgh para visitar a Allan. Lo que empezó con un simple "voy a visitar esta ciudad porque nunca he estado allí", terminó en una de las mejores experiencias del año. No tengo ninguna duda: si se me presenta la posibilidad, me voy a vivir a Londres!
Para terminar, algunas fotos...

La piedra Rosetta, probablemente lo único que
merezca la pena de todo el British Museum
El grandísimo Freddie...
...y Les Misérables. Más que suficiente para mí.


De izquierda a derecha, Laura (italiana), Christina (alemana) y yo
Costó horas y horas, pero logré mis entradas!
Ni siquiera el clima, que es lo que peor llevo en Polonia, consiguió que
Londres me pareciera la mejor ciudad del mundo...
Esta es la vista desde el observatorio de Greenwich

domingo, 26 de enero de 2014

A Görlitz de madrugada

En el "piso" que hay justo al lado del mío (a ver si la semana que viene os cuento un poco cómo se organiza la residencia) viven un madrileño, un griego y un ruso con los que he hecho mucha amistad en estos meses que llevamos en Polonia. Por desgracia, los dos extranjeros sólo están aquí durante un cuatrimestre, lo que significa que pronto volverán a sus países... y quién sabe cuándo nos volveremos a ver. Había que pensar algún viaje que se pudiera organizar rápidamente y que estuviera al alcance de nuestro cada vez más limitado presupuesto. Después de hablarlo con Tobias (mi compañero de piso alemán del que también os hablaré pronto), nos decidimos por Görlitz, un pueblecito alemán en la frontera con Polonia, y de los pocos sitios que no fueron destruidos durante la guerra. Durante los preparativos se nos sumó Gaya, otra madrileña, de ascendencia india.

En el tren ya intuimos lo que nos esperaba, y Marcos
lo dejó plasmado en unos cristales congelados...

No teníamos mucho tiempo, así que salimos el sábado de madrugada: a las 5:15 en pie, coger un tranvía a las 5:45 y, después de unos ligeros contratiempos con los billetes, un tren a las 6:39. Creo que los 5 pasamos las 2 horas durmiendo, aunque luego nos levantamos helados, como los cristales del tren. Me parece increíble que en países así de frío no tengan una calefacción más potente en los trenes...
Llegamos a Zgorzelec a las 8:30, más o menos. Zgorzelec es el último pueblo de Polonia antes de entrar en Alemania, y está separado de Görlitz únicamente por un río. Salimos del tren, y lo primero que vimos fue que la estación no existe. Está hecha polvo. Curioso... Subimos las escaleras, y nos encontramos en una explanada de nieve, donde lo único que se reconoce es un McDonald's. Para terminar de arreglar estas horribles primeras impresiones de la ciudad, se nos acercan dos policías y, dirigiéndose a Gaya, dicen que son guardia fronteriza y le piden la identificación. Me parece extremadamente racista que vean un grupo de jóvenes y sólo pidan documentación a la chica de tez morena, así que pregunto: "Todos, ¿no?" Me mira y me contesta que por supuesto. Los 3 DNIs españoles nos los devuelven con extremada rapidez. El griego se lo miran un poco más. El ruso se lo llevan al coche. Y allí nos quedamos, y nos empezamos a dar cuenta del frío que hace. Debemos estar a -10ºC como mínimo... Después de varios minutos, los policías devuelven la documentación a Andrei y se van. Sin más. Sin un "lo sentimos, disculpad las molestias" o algo por el estilo. En fin, la autoridad...
Empezamos a caminar. Nos damos cuenta de que no sabemos en qué dirección queda Alemania y decidimos preguntar. Sin demasiados problemas (aparte del frío...) llegamos al río, donde nos sacamos algunas fotos y cruzamos el puente. Ya estamos en Alemania. Lo primero que visitamos es una gran iglesia (a la que llamamos "catedral" todo el rato, pero dudo que lo sea...). Preciosa por fuera, pero cerrada. Seguimos caminando sin saber dónde íbamos, y acabamos en un cementerio. Dimos media vuelta y seguimos vagando por una ciudad que parecía desierta. Llegamos al centro histórico, que parece un poco más animado y entramos en una cafetería a calentarnos un poco (no sé si ya lo he comentado, pero hacía mucho frío). Pedimos varios tés, Andrei pidió un chocolate caliente y Gaya compró un par de panecillos, con los que se preparó dos bocatas de tortilla, que llevaba preparada de casa. Ahí empezaron los problemas. Se acerca la mujer y nos dice que no podemos comer eso allí. Le explicamos que fuera hace muchísimo frío, y que solamente lo está preparando para comerlo más tarde. Acepta a regañadientes. Vuelve al cabo de un rato con los tés y ve a Gaya peleándose con la tortilla. Le vuelve a repetir que no puede y le volvemos a pedir misericordia. No queremos comerlo ahora, sólo prepararlo, porque fuera hace DEMASIADO FRÍO. Cuando va a marcharse ve que Marcos tiene un zumo debajo de la mesa. Le dice que tampoco puede beber ese zumo dentro de su establecimiento. Si no fuera PORQUE HACÍA MUCHO FRÍO, en ese mismo momento me hubiera ido de aquel sitio, pero sonreí, Marcos le dijo que sólo quería que se descongelara (es verdad que el zumo estaba congelado, pero también había estado bebiendo...), y la muchacha volvió a dejarnos tranquilos. Cuando se volvió a acercar con la cuenta le pregunté qué podíamos visitar en ese pueblo, y me miró con cara de "¿me estás tomando el pelo? Aquí no hay nada que visitar...". Dijo que teníamos un museo y una iglesia cerca que podíamos ver. Antes de irnos Gaya pidió una bolsa de plástico y la mujer le dijo que tenía que comprar algo para poder llevársela, a lo que Gaya contestó que había comprado los panecillos. Parece que eso ya no cuenta. Si no has pedido la bolsa en su momento, te quedas sin ella. Si alguna vez vuelvo a Görlitz sé dónde NO iré a tomar un té...

Salimos de allí, visitamos un par de cosas más, hicimos el tonto en la nieve, pasamos por el McDonald's a comer, y cogimos el tren de las 13:35 de vuelta. Tras media hora algo pasó con el tren, pero nos hicieron bajar, esperar 15 minutos en una estación donde también hacía mucho frío y coger otro tren, con el que llegamos a Wroclaw antes de las 16, cuando había gente de la residencia que todavía dormía. Mañana bien aprovechada, pero creo que no voy a hacer más viajes (a parte de UK, que ya tengo los billetes...) hasta que mejore el tiempo. El frío es más fuerte que yo, y no disfruto todo lo que podría.

Algunas fotos para acabar...

Primeras vistas al llegar a Görlitz. Pues vaya...
Problemas con la policía nada más llegar



No se aprecia muy bien, pero el río está congelado...

La expedición al completo, haciendo el tonto en la nieve...
De izquierda a derecha: Vasilhs, yo, Marcos, Andrei.
Se les echará de menos...

jueves, 16 de enero de 2014

Go, tell it on the mountains...

No me gusta la nieve. No me gusta el frío. Empecemos por aquí. Sin embargo, estoy en Polonia, y un día u otro habrá que enfrentarse a todo eso. Así que, ya puestos, decidí irme a la montaña. Aquí he hecho una amiga italiana que va casi todos los fines de semana, y habitualmente me invita. Cuando me enseñó las fotos de dónde quería hacer su próxima salida fui incapaz de negarme: un lago con unas vistas preciosas, montañas que subir por todos lados... (¡aunque tengo que reconocer que el hecho de que hubiera pocas fotos con nieve me hacía temer lo peor!).

El sábado alrededor de las 22:30, cuando la gente se preparaba para salir a celebrar el cumpleaños de una compañera Erasmus, Laura y yo nos dirigimos a la estación de autobuses. Allí esperamos un rato acompañados de varios mendigos, hasta que llegó nuestro bus. Del viaje no os contaré nada, porque como os podéis imaginar lo pasé durmiendo.
Llegamos a Zakopane (un pueblecito al sur de Krakow, en la frontera con Slovakia) poco antes de las 6 de la mañana. Hacía frío. Mucho. El lago al que íbamos estaba a 25 km del pueblo y no habíamos mirado cómo ir. Preguntamos. Casi nadie habla inglés, pero por suerte todo el mundo conoce el nombre del lago. Nos indican la parada de un mini-bus, desde el cual sale un primer coche a las 8. Nos damos una vuelta por el pueblo para hacer tiempo, pero es demasiado temprano para encontrar un bar abierto y hace demasiado frío para pasear sin más. Volvemos a la estación, donde están abriendo la cafetería. Mientras Laura desayuna yo aprovecho para dar una cabezadita... y llega la hora.
Subimos al mini-bus. Otra cabezadita. El bus nos deja a 9 km del lago, donde un hombre nos pide 2zl (0,50€) por seguir con la excursión. Pagamos y empezamos. Nos ponemos a andar sobre la nieve. Y bajo la nieve. Nos ponemos a andar entre la nieve, en realidad... El paisaje es espectacular, pero el frío no me deja disfrutarlo. Poco a poco, con el andar se me fue quitando el frío del cuerpo y pude pararme a sacar fotos y a disfrutar de lo que estaba viviendo. Maravilloso.

Justo antes de empezar a andar. Apenas nevaba...
Después de unas 2 horas y media andando llegamos a Morskie Oko, el lago más famoso de esa zona. Era espectacular, aunque en mi opinión, no tanto como cuando no hay nieve, así que me prometí a mí mismo que en mayo volveré. Entramos al bar, donde pude tomarme una merecidísima cerveza (caliente...) y comprar una postal para mi madre. Hablamos de qué hacer. Había varios recorridos preparados: alrededor del lago, por las múltiples montañas... pero decidimos bajar. La verdad es que cada vez nevaba con más fuerza, y esto de meterse en montañas desconocidas no me acababa de convencer con ese tiempo. Así pues, cuando hubimos descansado volvimos a hacer un par de horas de bajada hasta la "parada" del mini-bus. A esas horas ya empezaba a verse más gente subiendo y bajando (en la subida habíamos ido prácticamente solos...).

Existía la opción de subir/bajar en trineo, pero creo que mi madre
me deshereda si hago eso...
Al llegar otra vez al pueblo comimos los bocadillos que llevábamos y nos fuimos a la calle principal de Zakopane, ahora mucho más animada. Después de pasear un rato por allí nos separamos porque yo quería ir a Misa, y una vez terminada ésta, la ruta de los bares: primero uno en el que tenían puesta la banda sonora de Mamma Mia!, después a otro en el que nos hizo gracia ver que había un grupito tocando (2 violines, un contrabajo y un acordeón, que luego descubrimos que estaban en casi todos los bares...), y donde estuvimos un minuto, hasta que nos informaron de que al lado teníamos otro bar donde se nos ofrecía cerveza 100% artesanal. Allí nos fuimos, y pedí el pack completo (no te dejaban pedir solo una...): cerveza normal, cerveza de trigo, cerveza de miel y cerveza de "marzo" (todavía no he descubierto que tiene de especial esa cerveza, pero así es como se llama...). Me tomé una y guardé las demás para compartirlas con Tobias, mi compañero de piso alemán del que os hablaré en otra ocasión.

Un ejemplo del grupo musical que podías encontrar en prácticamente
todos los bares de Zakopane...
Y después de muchas horas en el bus, llegamos a la residencia el lunes a las 3 de la madrugada. Fin. Os dejo algunas fotos sueltas de lo que iba viendo mientras subía...





Este es el lago. Si lo buscáis en Google, veréis que sin nieve es brutal.

domingo, 15 de diciembre de 2013

La imagen del viaje

Este fue mi viaje para volver de Bruselas a Wrolcaw. Más de 1300 km. Lo rojo lo hice en tren. Lo azul, en coche...

Haced "click" en la imagen para verla más grande...

domingo, 24 de noviembre de 2013

El regreso III: noche de desesperación

Por suerte, la estación de servicio en la que me dejó Jaroslav era 24 horas, así que me metí dentro para no pasar frío. Les conté mi historia al chico y la chica que estaban trabajando, y aunque no hablaban mucho inglés parecían dispuestos a ayudarme: a un par de personas que entraron les preguntaron en checo si se dirigían a Polonia, pero no hubo suerte y pronto dejaron de molestarse, así que me tocó a mí intentar hacerles entender a los pobres conductores mi propósito. Por desgracia, la mayoría de personas en la República Checa parece que flaquean en inglés... Pregunté a la chica cómo se llamaba la ciudad en la que me habían dejado, y me informó que era un pueblecito a unos 20km de Praga llamado Nupaky. Cogí una de las guías que tenían a la venta para situarme y ver dónde estaba, y me pareció que no era el mejor sitio para dirigirse a Polonia, así que pregunté a la muchacha si había mucha gente dirigiéndose a Polonia. Me dijo que creía que sí. Que todo el mundo que pasara por allí iba en dirección Praga, y que para ir a Polonia había que pasar por Praga, así que mi ánimo no decaía. La gente llegaba con cuentagotas (no hay que olvidar que era las tantas de la madrugada...), y nadie parecía dispuesto a llevarme. Además, la mayoría de gente que venía eran camioneros, y me enteré más tarde que es muy complicado que te lleven en un camión, por temas de seguro y esas cosas, que la empresa no lo cubre. Me senté en una mesa e intenté echar una cabezadita, pero me despertaba con cada persona que entraba y volvía a la carga. Así pasaron horas y horas. Empezaba a preocuparme, pero estaba seguro de que por la mañana pasaría más gente, así que me comí los sándwiches que todavía llevaba conmigo y esperé con paciencia. A eso de las 6 de la mañana empezó a haber más movimiento. Venían más coches, pero nadie iba hacia Polonia... El tiempo seguía pasando y la gente seguía diciéndome que no. Salí a ver si podía irme andando hacia el pueblo, pero estaba en plena autopista, y por allí no se puede andar... Empezaba a desesperarme, así que decidí preguntar por Praga en vez de Polonia. Ya no quería hacer autostop: llevaba allí casi 4 horas y no había habido ningún tipo de progreso, así que lo tenía clarísimo: que alguien me llevara a Praga, y desde allí cogería un tren hasta Wroclaw. Iluso de mí. Parece que la gente en la República Checa no está acostumbrada a esto del autostop, y aunque bastante gente me dijo que iba a Praga, luego no me querían llevar. Llegaron otros tres empleados, con lo que una nueva idea pasó por mi cabeza: el chico y la chica con los que he pasado toda la noche me pueden llevar a Praga cuando cambien de turno. Así pues, a las 7, cuando vi que se iban me dirigí a ellos con la mejor cara de pena que supe poner y les pedí que me llevaran a Praga. El chico enseguida me dijo que no, que no iban a Praga. Le pedí que me llevara a cualquier sitio, que sólo quería coger un tren e irme a casa. Sin ni siquiera mirarme, mientras se metía en el coche me dijo: "coge el autobús". ¿El autobús? ¿Qué autobús? No hay respuesta... Por suerte, uno de los nuevos empleados era mejor persona, y se me acercó para indicarme que había una parada de bus justo al lado de la gasolinera. Era un servicio gratuito para los transportistas que trabajaban en unas oficinas que había allí, pero en principio nadie tendría que ponerme ningún inconveniente... Así que esperé en la parada y a las 7:30, después de dejar bajar a toda la gente, subí yo solo. El conductor me miró y me dijo algo en checo que interpreté como un "¿adónde vas?". Dije Praga muy orgulloso y me indicó que me bajara del bus. No me lo podía creer. ¡Jamás saldría de esa gasolinera! Con lágrimas en los ojos fui a buscar a mi amigo empleado y le conté la situación. Me dijo que no me preocupara, que en media hora llegaba otro y que él mismo iría a hablar con el conductor para que me dejara subir. Y así lo hizo. A las 8 nos fuimos los dos al bus, le explicó al conductor mi situación en checo y éste dio su beneplácito.
Ya en Praga, me metí en el metro y me dirigí a la estación central. Allí pregunté en la "Ticket's office" por el primer billete a Wroclaw. La mujer me sacó un planning para coger tres trenes diferentes, con una hora de transbordo entre cada uno de ellos. Me indicó que eso era necesario, porque los trenes iban un poco mal en la República Checa... Me salió por 14€, eran aproximadamente las 9 de la mañana, y el tren no salía hasta las 11:47, así que me fui a dar una vuelta por Praga, a buscar un centro comercial donde poder comer algo sin tener que cambiar de moneda y usar un baño sin tener que pagar. Mis ánimos entonces estaban por las nubes, así que al llegar al centro comercial, me senté en un McDonald's para tener WiFi y empecé a escribir a todo el mundo diciendo que ya no había nada de qué preocuparse, que todo estaba arreglado y que a las 18:23 llegaría a Wroclaw. Una vez más, iluso de mí. Cuando acabé con eso, todavía me quedaba un buen tiempo, así que me di una vuelta por el centro comercial y encontré una enorme librería, en la que me compré The day of the Jackal, de Frederick Forsyth, para hacer más ameno el viaje.

"It may take a little longer but I'll know how to find my
way back..."
The Eels - Railroad Man
Cuando llegó la hora, me fui de nuevo a la estación, subí al tren, me senté en el primer compartimento que encontré vacío e intenté leer, pero el cansancio y el inglés podían conmigo, y los ojos se me cerraban. La cosa iba bien. La lluvia había amainado, y el sol me daba en la cara mientras escuchaba canciones que me llenaban de optimismo. Íbamos a la hora en cada estación, no había retrasos ni imprevistos... hasta la penúltima estación. Allí estuvimos parados durante 45 minutos, esperando otro tren que tenía que unirse al nuestro. Eso todavía me dejaba 15 minutos de margen entre tren y tren. Avanzamos. Muuuuuy despacio. Y nos paramos de nuevo en medio de la vía. Pregunté a la chica del compartimento de al lado qué debía hacer si perdía el enlace. Me dijo que no me preocupara, que bajara en la estación prevista y que allí me lo arreglarían. Al final llegamos a Ústí nad Orlicí con más o menos una hora y media de retraso...
Salí del tren bastante mosqueado. Enseñé mi plan de viaje al jefe de estación y le pregunté qué tenía que hacer. Me dijo que mi próximo tren pasaba a las 5 de la tarde. No me lo podía creer, así que le pregunté si no había otra forma de llegar a Wroclaw, y su respuesta fue: “no es mi problema si tu tren se ha retrasado…”. Ese fue el único momento en toda mi aventura en que realmente perdí los papeles. Le grité que mi problema tampoco era, y que si él trabajaba allí algo de culpa podía asumir. A lo que sólo me dijo que preguntara en la “Ticket’s office”. Allí me dirigí, intentando calmarme y le pregunté lo mismo a la señora que estaba trabajando. Me dijo que no me preocupara, me explicó que había algunos trozos de la vía que estaban arreglando y que estaban acostumbrados a esos retrasos, con lo que también estaban preparados. Me imprimió dos nuevos plannings (sin que me costara más dinero): en uno tenía que coger tres trenes más; el otro era directo a Wroclaw pero llegaba más tarde. Le pregunté si no era mejor esperar y coger el directo para no tener más problemas con lo de los arreglos en las vías, pero me dijo que no. Me enseñó las estaciones por las que pasaban mis tres trenes, y todas coincidían con las estaciones por las que pasaba el que iba directo, con lo que si volvía a tener problemas sólo tenía que esperar en cualquier estación a que llegara el directo. Se lo agradecí un montón y como tenía más de una hora de espera, decidí ir a dar una vuelta por el pueblo. Entré en un par de bares para tomar una cerveza, pero en ningún sitio me dejaban pagar con tarjeta, así que volví a la estación y me puse a leer.

Esta foto la hice en la estación después de que me dijeran que "algunos
tramos de la vía" estaba siendo reparados. Como podéis ver, sería más
apropiado decir que "algunos tramos de la vía están bien"...
Mi siguiente tren llegó puntual, y me bajé a las pocas paradas en Lichkov. Allí tenía que coger un tren que me llevara a Miedzylesie y luego otro a Wroclaw, pero el tren que estaba esperándome ponía que se dirigía directamente a Wroclaw. Pregunté a un par de personas pero nadie sabía nada, así que me senté y esperé. Si realmente ese tren iba a Wroclaw, todavía mejor. Arrancamos, y en cuanto vino el revisor le pregunté si íbamos a Wroclaw. Me dijo que sí, confirmó que la hora de llegada era la que yo esperaba, y ahora sí que todo se estaba acabando. Tenía el planning entero, así que en cada estación controlaba que fuéramos a la hora, y así era. A lo mejor llevábamos 5 ó 10 minutos de retraso, pero esto en la República Checa no es nada (ni en España tampoco…).
Finalmente, cerca de las 20:30 (casi 40 horas después de haber empezado la aventura...) llegué a Wroclaw. Allí todavía tuve algún que otro imprevisto ayudando a un austriaco al que había conocido en el último tren y al intentar llegar a la residencia en tranvía, pero eso ya no importaba. Me sentía en casa...

domingo, 10 de noviembre de 2013

Segunda parte: Bruselas

Supongo que todos habréis oído hablar de la cerveza belga. Si no lo habéis hecho, os diré una única palabra: sensacional. Es la mejor cerveza que he probado nunca. Así que después de comer algo en el sitio de fritos, Olga y yo nos fuimos directamente a buscar un bar donde tomar una buena cerveza. Y el sitio fue el Delirium, el local que tiene el Record Guinness de "Bar con mayor número de cervezas". Para que os hagáis una idea, tienen un libro con la oferta de birras. Olga se pidió una Delirium, la cerveza propia del bar, y yo una Kasteel tostada. Buenísima. De camino allí habíamos pasado por la Grand-Place, la plaza del ayuntamiento, un sitio precioso donde estaría muy bien ponerse a tocar el saxo, y en la entrada del Delirium también pudimos ver la Jeanneke Pis, y si el Manneken Pis ya es ordinario, eso lo es todavía más. Es un simple reclamo turístico para que te acerques al bar...

La primera de muchas cervezas en Bélgica, en el Delirium...
Después de ir a casa y descargar las cosas, fuimos otra vez al centro, a conocer más bares y más cerveza.
Leef, Chimay, Maredsous, Grimbergen, Keizer Karel, Maes... Y por la noche, Pulp Fiction y a dormir.

En el Atomium. Como veis, también he hecho visitas turísticas...
El domingo por la mañana fui a una Misa en español que encontré por allí, comimos, y por la tarde un poco de visita turística, para que no se diga que sólo he ido a beber. Primero fuimos al parque del centenario, a ver el Atomium, una escultura que muestra un cristal de hierro, ampliado varias veces, y que dos químicos no podían dejar de visitar... Después de esto, fuimos al lado del río, donde había un supuesto espectáculo de luces... Unas cuantas proyecciones sobre los edificios, un hombre jugando con la electricidad, unos espejos para tocar las pelotas a los peatones... Así que terminamos yendo al único RockBar de la ciudad. Vacío. Se ve que siempre lo está y no sé por qué. Pedí al camarero que me pusiera algo de Queen, y el amigo se marcó el concierto de Wembley entero. Yo ya sé dónde pasaría todas las noches si viviera allí...

"La Corne du Bois des Pendus"
El lunes era mi último día entero en Bélgica, y para celebrarlo, Olga me llevó a su clase de francés. 3 horas, casi nada... Por suerte me dejó su libro electrónico y se me pasó bastante rápido. Y después de comer, a por las últimas cervezas. Fuimos a un bar a tomar La Corne, una cerveza curiosa por el vaso en el que te la sirven, que tiene forma de cuerno. Y luego a pedir unas patatas fritas al sitio donde dicen que tienen las mejores de toda la ciudad (¡que ya es decir!): el puestecito de Antoine, en la plaza Jourdan. La tienda está en el centro de la plaza, y tiene una especie de acuerdo con la mayoría de bares de allí, para que te dejen entrar con su comida a tomar una cerveza. Así todos salen ganando.


Y el martes...

jueves, 7 de noviembre de 2013

Primera parte de un viaje accidentado

El plan era ir a Bruselas, a ver a una amiga de la carrera que está de Erasmus allí y que me ofrecía alojamiento gratuito gastando lo mínimo en el viaje. Parecía que ir en avión sería barato, porque hay Ryanair directo Wroclaw-Brussels, pero hay que contar con que al dinero del avión hay que sumarle unos 20€ del bus que te lleva del aeropuerto al centro de la capital belga, así que opté por BlaBlaCar (muy recomendable, y parece que bastante extendido por Polonia). Encontré un tal Wojtek, que se ofrecía a llevarme a Antwerpen. Le dije que si no era mucha molestia, avanzara un poco más hasta Gent, y así visitaba a otro amigo del colegio que está de Erasmus allí. Quedamos de acuerdo en el precio, y el viernes a las 14 ya estamos en camino. Él, yo, y una furgoneta llena de cajas vacías, que no entendí muy bien por qué llevaba a un amigo suyo en Inglaterra.
Íbamos escuchando la radio. Música de la buena. Queen, David Bowie... Y entramos en Alemania. Wojtek me dijo que no le gustaba la radio alemana, y que se había grabado un audiobook para hacer más llevadero el viaje... pero era en polaco. ¿Habéis escuchado alguna vez un libro de Stephen King en polaco? Yo sí. Y os aseguro que no es agradable...

Me estoy alargando demasiado, así que pasemos directamente a decir que llegué a Gent el sábado a la 1 de la madrugada, después de haber dormido casi todo el viaje. Allí ya me esperaba mi amigo Joan. Descargamos, cogimos un par de bicis, y nos fuimos al centro a ver si encontrábamos algo abierto, bajo una lluvia torrencial que nos dejó calados hasta los huesos. Fuimos de un garito a otro, y todos estaban cerrando, hasta que entramos en un local con decoración de Halloween y gente muy cocida. Allí disfrutamos de una buena cerveza belga, nos pusimos al día de nuestras respectivas vidas, y nos fuimos a casa, ya sin lluvia, que a la mañana siguiente él se iba a Antwerpen y yo a Bruselas.
El sábado por la mañana mientras íbamos a la estación de tren oí un "¿Nico?" que me hizo parar. Allí estaba Chema, un gallego al que conocí en Moncloa en mi primer año en Madrid. Resulta que estaba de Erasmus en Lille y, al igual que yo, se había venido a Gent a ver a un amigo. ¡Qué pequeño y extraordinario es el mundo! Me despedí de él, me despedí de Joan y me dirigí a Bruselas. Allí estaba durmiendo mi amiga Olga, después de una dura noche de Halloween, así que la llamé para despertarla y avisar de mi llegada. Aunque costó, nos encontramos y nos fuimos a uno de los mil sitios de "fritos" que hay en la ciudad para comer algo. Estos sitios tienen un gran barreño con aceite hirviendo, y varias cosas susceptibles de ser freídas en el expositor. Tú seleccionas lo que quieres, lo meten en el barreño, y en pocos minutos tienes lista tu comida. No será sano, pero está de bueno...
El gallego de erasmus en Lille al que conocí en Madrid y que me
encontré por casualidad en Gent...
Por ahora lo dejo aquí, y mañana os cuento mis visitas por Bruselas, ok?

viernes, 18 de octubre de 2013

De mi primer viaje por tierras polacas

El fin de semana pasado se montaron dos planes alternativos para salir de la ciudad un par de días. Uno de ellos consistía en ir a la montaña a relajarse y aunque me apetecía un montón, lo rechacé principalmente porque el grupo consistía solo de españoles (de españolas, más concretamente...). El segundo era mucho más internacional y era ir a Gdansk, una ciudad al norte de Polonia, tocando el mar báltico.

Lo más interesante del museo de ámbar
Éramos un grupo muy grande, y no salimos todos a la vez. Unos cuantos salieron el jueves por la noche. Los que teníamos clase el viernes, cogimos un tren ese mismo día a las once de la noche, y después de casi 10 horas de viaje llegamos a nuestro destino. Fuimos directos al hostal (muy chulo, por cierto. Hostal "La Guitarra", decorado con pósters de los más grandes por todos lados: Eric Clapton, Mark Knopfler, Paco de Lucía, David Gilmour... Sólo eché de menos a Brian May), pero era demasiado pronto para hacer el Check-in, así que dejamos nuestras maletas por ahí y nos fuimos a visitar la ciudad: Hala Targowa (viene a ser como el mercado, que hay en todas las ciudades), un antiguo molino, una iglesia muy destrozada por la guerra y poco reconstruida... y un museo de ámbar. Sinceramente, puedo decir que es el museo más aburrido que jamás he visitado: cuatro o cinco plantas dedicadas únicamente al ámbar. La primera te explicaba qué es eso del ámbar (si os interesa, id al museo. Me niego a explicarlo); los otros tres, todo tipo de joyas, esculturas, jarrones hecho de ámbar.
Después de comer me fui a dormir, porque el viaje en tren había sido duro. Por la noche, nos fuimos a Sopot, que es un pueblecito junto a Gdansk donde está la playa. Mala gestión. Ese sitio es demasiado turístico, y de noche no hay nada que visitar...

Y esto, amigos, es el mar báltico...
El domingo por la mañana fuimos al museo nacional de arte, y fue una suerte ir con un par de estudiantes de historia del arte que nos iban contando detalles de los cuadros que probablemente nos hubieran pasado desapercibidos. Después de esto nos fuimos otra vez a Sopot, pero esta vez a ver la playa y a sacarnos fotos por ahí... Hubo un momento de tensión al llegar allí (debían ser un poco más de las 4 de la tarde). Algunos nos moríamos de hambre, y otros preferían ir a sacarse fotos en la playa antes de que anocheciera (es verdad que en Polonia anochece antes, pero tampoco hay que pasarse...), así que el grupo se volvió a dividir, y Sara, Vicky y yo comimos en un italiano exageradamente bueno. Y nos fuimos a la playa. Nos sacamos fotos a orillas del mar báltico y volvimos a Gdansk. La nota curiosa de la tarde la pusieron unos músicos sudamericanos que estaban en la plaza principal de Sopot dando un concierto y cantando temazos como "Canta y no llores" y otros que ahora mismo no recuerdo, pero que los españoles conocíamos.
A las 10 de la noche cogimos el tren de vuelta a Wroclaw, para llegar el lunes por la mañana y así los que tenían clase el lunes podían asistir.

El resumen del viaje para mí es que estuvo muy mal organizado, y que el destino no era el más apropiado en estas fechas (estoy seguro de que en primavera/verano, esa ciudad es mucho más bonita).
8 españoles, 3 croatas, 3 belgas, 1 francesa, 1 griego, 1 escocés,
1 italiano y Dora. Faltan otra escocesa y varias portuguesas...
No está mal, ¿eh?