Después de mostrar mi sorpresa por ver cómo un padre podía perder la cabeza de tal modo por un partido de chavales, aumenté mi estupor al comprobar que con partidos de alto nivel pasa lo mismo (¡e incluso se acentúa!).
Ayer, como todos sabréis, se jugó el Barça - Madrid, con una lección magistral de futbol por parte de los blaugranas. Yo, como también deberíais saber, he dejado de ser madridista. Ahora soy un amante del fútbol que ayer, por primera vez en muchos años, no se cabreó por el pésimo partido del Madrid, sino que disfrutó con el toque del Barça. Por primera vez, he podido ver un Barça - Madrid sin tensión.
El hecho de ver el partido como un espectador imparcial me permitió darme cuenta del fanatismo absurdo que rodea este tipo de partidos: vi el partido en el Colegio Mayor, rodeado de gente que lo vivía como si su vida dependiera de ese partido. Le gritaban al árbitro, a los jugadores, a los entrenadores... supongo que esperando que reaccionaran a sus gritos, pero no fue así, cosa que puso a la gente de peor humor todavía.
Con 2-0 a la media parte todavía había quien confiaba en la remontada y se veían medias sonrisas, aunque con el inicio del segundo tiempo y el 4-o en menos de 15 minutos, el ambiente se caldeó más (yo no creía que se pudiera...).
Al finalizar la humillación, me dirigí a un madridista cabizbajo y le dije que no pasaba nada, que la vida seguía adelante. "¡Al menos mi vida tiene sentido, payaso!" fue su respuesta. No me extrañaría si en febrero, cuando el Madrid caiga en octavos de la Champions, como ya viene siendo costumbre, este chico se suicida por un exceso de sentido en su vida...
Mientras todo esto ocurría, los aficionados culés, que también tienen sus especímenes absurdos, iban gritando y provocando a los blancos, que se derretían como la nieve que había caído en la capital española por la mañana. Parecía como si los aficionados blaugranas hubieran tomado ejemplo de su entrenador, el filósofo Pep, que se las da de caballero y señorito, pero después muestra su verdadera cara haciendole un gesto barriobajero a Cristiano (quien tampoco reaccionó de la mejor manera...). Puedo decir que fue de las pocas cosas que me cabrearon del partido, que Guardiola le ofreciera el balón a CR7 y después se lo tirara a otro lado. Como un niño.

Otro punto negativo del partido fue Sergio Ramos. No solo por la patada criminal a Messi, sino también por los empujones a Puyol y Xavi, compañeros con los que hace menos de medio año estaba celebrando un título mundial. Absurdo. Denigrante. Otro punto en contra para el fútbol. Aquí lo dejo.
Como dice Julio, la vida sigue igual. Pueden cambiar los jugadores, los entrenadores, los presidentes, pero el resultado lleva años siendo el mismo. Barrido del Barça al Madrid. Y el Marca, a consolar enfermos mentales...