miércoles, 12 de enero de 2011

¡Que se callen!

Mi compañero de habitación me pidió que algún día escribiera sobre nuestra triple, y hoy ha llegado el día.

En mi habitación, donde convivimos un ingeniero medio andaluz medio gallego, un economista gaditano y un químico catalán hay muy buen rollo. Demasiado buen rollo. No sé por qué será, pero la 3.2.10 (esto significa "hotel" 3, piso 2, puerta 10) siempre está llena de gente. Habitualmente se reúnen en la ante-habitación, un lugar pensado para que la gente estudie. Esto en general no me molesta, porque yo puedo meterme en la cama y prácticamente no oírles.

Ayer, sin embargo, se les fue la olla. Cuando llegué me encontré la ante-habitación vacía, pero nuestras camas llenas. Hay tanto buen rollo que la gente hasta se mete en tu cama... Les pedí que se fueran fuera como siempre, porque quería meterme en la cama a ver el segundo capítulo de la primera temporada de Castle. Evidentemente, no me hicieron ni caso, así que me puse yo en la ante-habitación a ver la serie.

Después de los cuarenta minutos que dura el capítulo, durante los cuales se abrió y cerró la puerta varias veces, porque los inquilinos de mi habitación se iban renovando, paré el ordenador y les invité nuevamente a irse, que me quería acostar. Esta vez sí me hicieron caso. Pero no se fueron a sus habitaciones, como todos habéis supuesto, sino que se quedaron hablando al lado, y esta vez sí molestaron, porque normalmente hablan, pero ayer gritaban.
Me recordaron a un programa que veía mi padre sobre fútbol, El Rondo, donde se reunían varios energúmenos para hablar del fin de semana futbolístico, y parecía que cuanto más elevabas la voz, más razón tenías. Se pasaban todo el programa gritando e impidiendo hablar a los demás, hasta que el moderador les mandaba callar un poco. Pero ayer no había moderador.

Me pasé no sé cuánto rato oyendo conversaciones tan trascendentes como si hay que ponerse champú en los pelos de las partes nobles o si la calvicie es hereditaria.
La palabra que más se repitió fue YO, en mayúscula. Todas las frases empezaban por "YO...", a lo que otro respondía "pues YO...". Los únicos momentos en los que se hablaba de uno mismo era cuando tocaba rajar, que en estas conversaciones siempre llega el momento en que hay que criticar a los que no están. Pésimo.



Si es que no sé de qué me quejo, si en un Colegio Mayor TODO son ventajas...

3 comentarios:

Enric dijo...

Bueno, como vuelves a criticar, supongo que tendremos que dejar algún comentario. Ahí va el mío: dudo que esas conversaciones, por muy barriobajeras que hayan sido, fueran peores que los berridos que tú pegabas cuando eras pequeño. Menuda voz tenías.

Nico dijo...

Aunque no recuerde esto que dices, no te negaré que es muy posible que de pequeño gritara. Sin embargo, espero que entiendas que de los universitarios se espera un comportamiento al de los críos, ¿no?

xavier dijo...

Vaja veig que a tu també et passa jaja! jo no estic a una triple per el de la habitació del costat fa el mateix jaja!